En voz alta

23 años

No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza ni deuda que no se pague. La próxima semana, el 16 de agosto para ser preciso, arranca en Washington DC la primera ronda de trabajo hacia la renegociación del TLC. Kenneth Smith Ramos, John Melle y Steve Verheul servirán como los negociadores principales representando a los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá, respectivamente.

En el mejor de los casos, se espera que las partes alcancen un texto final hacia mediados de marzo del próximo año, texto que estaría sujeto a la aprobación del Congreso en México, Estados Unidos y Canadá. Y aunque han advertido que no hay prisa en la renegociación, la realidad es que los calendarios legislativos y las elecciones en México, generan un sentido de urgencia entre los participantes.

El camino hacia un posible acuerdo está lleno de obstáculos. De entrada, cada país llega a la mesa de negociación con un objetivo distinto. Además de reducir el déficit comercial con sus vecinos, comprometer a México a elevar el salario mínimo y convencer a Canadá para desahogar cualquier disputa comercial en sus cortes, el gobierno de Trump ha amenazado con reventar la renegociación si los resultados no le parecen "justos". La advertencia sugiere que el fantasma de los tuits presidenciales acompañará cada paso de la transacción.

Durante cuatro días alrededor de 20 grupos de trabajo divididos en cada uno de los temas que abarca el acuerdo, trabajarán para avanzar en los detalles técnicos de la renegociación. El proceso encabezado por la Secretaría de Economía del lado mexicano se repetirá cada tres o cuatro semanas durante al menos ocho rondas. Las reuniones irán rotando de sede por lo que se tiene programado que los grupos de trabajo lleguen a México hacia mediados del mes de septiembre.

Espero que la oportunidad para renegociar el tratado ayude a las economías regionales a cumplir con su propósito original: multiplicar la prosperidad y fomentar el desarrollo. Hasta hoy el acuerdo no ha logrado este objetivo fundacional y por eso es necesario repensarlo. En el caso de México, nuestra economía ha crecido a una tasa promedio de 2.5 por ciento desde la entrada en vigor del TLC y más de la mitad de los mexicanos permanece en condiciones de pobreza, una cifra similar a la que se registraba en 1993. Los beneficios del TLC no han alcanzado los bolsillos de la enorme mayoría de los mexicanos y modificar esa realidad debe ser la misión principal de nuestros representantes a lo largo de este proceso.

@Enrique_Acevedo