Entre tú y yo

Un regalo de Dios

Dios nos premia con los padres que nos da y cada uno de nosotros tenemos los mejores, los indicados. Por ello, estoy agradecida con la bendición que me ha mandado y  aprovechando el cumpleaños de mi papá, le dedicaré una líneas.
Admiro a mi padre por su forma de ser y por su manera de vivir, siempre ha sido un hombre lleno de vitalidad, entusiasmo y le encanta platicar y ser amigo de la gente de cualquier edad y, sobre todo, de los jóvenes, a quien gusta enseñarles. A lo largo de su vida ha tenido la oportunidad de cosechar buenos y grandes amigos, aunque también ha tenido desencantos y traiciones. Lo admirable es que él no guarda  rencor alguno para nadie, vive la vida con las maravillas que ésta le ofrece y, en ocasiones, pareciera que nada le preocupa. Creo con firmeza que es un gran guerrero, porque a temprana edad perdió a su único hermano y pudo compensar con  amor y dedicación a sus padres por tan irreparable pérdida. Años más tarde, junto a mi madre, sufrió la peor experiencia, perder un hijo. A simple vista lo ha superado, pero sé que en su corazón seguirá el dolor y la ausencia, aunque su fortaleza y vitalidad son tantas que le da paso a lo que la vida le manda. Entre sus pasiones está la de enseñar, es reconfortante y vital para él hacerlo; disfruta de sus momentos de soledad, podríamos decir que es un poco hiperactivo. Algo que le encanta son sus tardes de café, con un sin número de variados grupos, pero para todos tiene. Para él, la mañana es despertar temprano y salir, no es lo que llamamos hogareño, pero sí es muy servicial y amable. Tiene una adoración especial por sus hijos y sus nietos, con quienes convive y disfruta como un cómplice perfecto. Sin duda, Dios le otorgó un gran regalo al darle el amor de mi madre, quien le adivina el pensamiento, pero como dicen, lo que se siembra se cosecha, pues desde chica recuerdo aquellos ramos de flores, serenatas y lindos detalles de mi papá hacia ella con amor.
 Papá recibe mi admiración y todo mi amor, porque como familia hemos pasado muchas cosas en unión, pues somos una “familia muégano”, pues tenemos un gran tesoro en nuestros padres. Papá, estoy agradecida con Dios por que ha dejado que compartamos tantos momentos maravillosos juntos y que aprendamos de tí tu sabiduría y, sobre todo, tu manera tan inigualable de valorar y vivir la vida, pese a las adversidades. ¡Eres un papá grandioso y te adoro!


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