Entre tú y yo

Los nietos, un regalo de Dios

Comentábamos en una mesa de café la alegría que es el recibir a un nuevo miembro en la familia, un hijo o un nieto; un bebé que es símbolo de la bendición de Dios, sean cuales fueren las circunstancias. Si bien nadie nos enseña a ser padres o abuelos, es la tarea más importante de nuestra vida. Esta bendición conlleva los sinsabores y a los mejores recuerdos.
Como padres quisiéramos que todo fuera perfecto para nuestros hijos, que tuvieran a sus hijos en el momento ideal, pero la vida no es perfecta. Recordemos que mientras tengamos vida, tenemos esperanza, y que todo es remediable, menos la muerte. Podemos ofuscarnos por los errores que cometen nuestros hijos, pero reconozcamos que este mundo es muy permisivo y que en parte hemos contribuido.
Pensamos que nuestros hijos siempre serán sensatos y que no caerán en alguna y otra tentación, que ya han madurado lo suficiente y estamos equivocados. Los muchachos hoy están más en riesgo por todo lo que les rodea: drogas, malas compañías, la vida light , la diversión desmesurada, el pedir perdón en lugar de pedir permiso, el Internet que es el maestro de todo, los pocos  valores, la moral distraída... en fin, una y mil cosas, por eso la tarea de ser padres nunca acabará. Debemos ayudar a nuestros hijos a madurar, cada uno tenemos situaciones específicas.
Cuando viene un bebé de sorpresa nos cuestionamos: ¿qué hacemos? Fácil es opinar, si no estamos en esa situación, pero esto cambia si es tu hija o tu hijo el que atraviesa por esta encrucijada. Lo que no debemos olvidar es que nosotros tuvimos la fortuna de tener un bebé en las circunstancias normales y a la edad adecuada, y aún así no fue nada fácil, lo hicimos lo mejor que pudimos y los resultados los estaremos viendo a lo largo de la vida, con los inolvidables momentos, unos mejores que otros. Entonces como padres tenemos que estar atentos a las nuevas circunstancias, a proponer, a enseñar, a motivarlos a retomar lo correcto, a ayudarlos a madurar, a cultivar la paciencia en las nuevas responsabilidades. Aprenderemos juntos las nuevas experiencias y a ser abuelos, porque nunca dejas de ser padre, pero experimentarás la maravilla de  la trascendencia, de ver el amor de los hijos en un nieto. Siempre recuerda que eres elegido, pues Dios te dio un tesoro para que puedas disfrutarlo, la bendición de los nietos. 



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