Entre tú y yo

Las muletas de la vida

Empezar un nuevo año nos brinda la oportunidad de iniciar los nuevos retos, dejando atrás los miedos, las derrotas; es abrir en nuevo cuaderno sin ninguna arruga, con todas las hojas limpias y en blanco, invitándonos a escribir la historia del 2014. Esto me hizo reflexionar en lo complicado que han sido los últimos días que he traído muletas, tras una caída. He vivido las dificultades de caminar, de darme la habilidad para realizar las actividades cotidianas más sencillas: desde servirme un vaso con agua y transportarlo a algún lugar, hasta llegar al supermercado y buscar el lugar para bajar, sin que alguien por comodidad lo haya ocupado, el ver como la gente se molesta porque obstruyes el rápido paso, o se desespera por tu indecisión al tratar de subir una escalera.
Pero dentro de todo, he logrado comprender que las barreras físicas a medida que pasa el tiempo se van superando, gracias a la tenacidad y la habilidad que adquieres a base de esfuerzo y práctica, que vas superando cada pequeño reto con facilidad, sin embargo, lo cierto es que cada uno conservamos nuestras muletas durante la vida, pero no la clase de muletas que conocemos, sino unas muletas interiores más poderosas e invisibles a la vista: esas barreras que nos hacen detenernos ante las posibilidades de empezar nuevos retos con entusiasmo, dejando de lado los miedos.
Son esas muletas las que nos entorpecen para decir a quienes nos acompañan en el día a día cuan valiosos son para nosotros, y también en diversas ocasiones nos impiden aprender de quienes tratan de enseñarnos, nos impiden realizar con alegría las tareas asignadas. Las muletas nos arrastran a estar pegados a la envidia, a los malos momentos, a la tristeza, a no poder dar vuelta a la página y a ver que cada día se convierte en una nueva oportunidad. Es por ello que nace mi admiración ante las personas que superan el uso de las muletas, que se esfuerzan por dejar sus miedos de lado. No hay que olvidar lo importante que es llenar el corazón de alegría, de te quieros, de diversión, de agradecimiento, enseñanza, dejando a un lado las muletas interiores y tener fe y esperanza en Dios, quien nos brinda la valiosa oportunidad de un comienzo cada  día de nuestra vida para escribir las mejores experiencias en ese cuaderno de la posteridad.


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