Entre tú y yo

Triste despedida

Las despedidas siempre son tristes y dolorosas, porque es una separción de alguien a quien queremos, admiramos y valoramos. Cuando esta persona se aleja o se va por motivos de éxito, viajes, triunfos nos llega el regocijo de saber que sigue llena de vida cosechando logros, sin embargo, cuando la partida es para ir a la última morada, a ese lugar maravilloso a lado del Señor, es difícil aceptar esta partida. Es por ello que dedico estas líneas a la familia Noyola Cossío por la irreparable pérdida de la doctora María de la Luz; a la pequeña Carlota Federica, a Carlos y Chelito, a Rolando y Gaby, a Saúl y al ingeniero Carlos y los pequeños Carlitos y Rolandito, y en especial a Brenda, quien fue su compañera inseparable, a Carlota Federica quien a su corta edad tendrá la fortuna de recordar a su abuela y también extrañará su partida. Quienes hemos pasado por una perdida irreparable como ésta comprendemos el dolor que se aloja en el corazón y más si es repentina la partida, y si todavía pensábamos que es mucho lo que se tenía por hacer o lo que se tenia por vivir. Sólo compartiré que Dios es quien con su divina sabiduría marca el camino y que lloramos por sus decisiones, pero son el mandato divino. Me queda claro que Dios requiere de ángeles en el cielo y es por eso que llama a lo mejor de cada familia para ayudarlo, sin embargo quedémonos con el recuerdo de lo vivido, con la alegrías, las muestras de cariño, los felices momentos y atesoremos como parte del legado más maravilloso que tenemos. Recordemos a nuestra querida doctora como una luchadora incansable, siempre al pie de cañón, como la madre amorosa y la abuela consentidora, como la mujer de proyectos, de iniciativa y siempre activa; sigamos sus pasos y recordemos que cuando Dios nos llama tenemos que acudir, pues ya terminó su tarea en la tierra de los mortales para continuar en el mundo del cielo otras tareas más importantes. La fe y la fortaleza serán sin duda los aliados perfectos para superar tan grande pérdida, pero la familia unida es el pilar que formó y será parte de la fuerza para superar la partida. Recuerdo que cuando murió Lalito mi hermano, pasados algunos meses me encontré a la doctora Cossío: “un abrazo fuerte y mis oraciones para lo insuperable”, comentó, “tu madre estará siempre en mis oraciones porque no puedo imaginar su dolor”. Creo que después de esas sabias palabras un lazo nos unió, una amistad que se fortaleció a base de unas palabras sinceras y del corazón. Así era mi querida María de la Luz, sé que hoy estarás junto a mi querido Lalito disfrutando, acompañados en el diario vivir, un abrazo para tu hermosa familia y mis oraciones para ti. Descansa en paz. Así sea.


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