Entre tú y yo

Sabores y colores de antaño

Hacía mucho tiempo que no escuchaba el tradicional sonido que emiten los afiladores, provenía de un señor de edad avanzada que cubrió su cabeza con un gorro y que en su bicicleta traía instalado un aparato de rueda con el que afilaría los cuchillos, y con un silbato de carrizo emitía aquel sonido inusual que me remontó a mis días de infancia. Hoy el mundo es tan tecnológico que ya tenemos cuchillos que no se tienen que afilar.
Recordé la tradición de los vendedores de camotes que paseaban con su carrito emitiendo un sonido especial, el cual ya no suena, o al menos ya no lo he escuchado. También los tradicionales eloteros  pasaban por las calles con diversas cornetas que avisaban estar listos para atender a la clientela. Esos sonidos tradicionales de las gordas de horno, de los algodones de azúcar, de los globeros. Todas esa imágenes y sonidos de antaño, son recuerdos que evocan buenos momentos atesorados por los abuelos y que tal vez nosotros tuvimos la oportunidad de disfrutar.
Recuerdo a don Pepe, el señor de la fruta que vendía inimitables golosinas y chilitos afuera de la secundaria del Tec de Monterrey,  como otros tantos vendedores que hemos conocido y recordamos con cariño y estoy segura de que no olvidamos sus nombres. Todos, aún en esta modernidad que viven nuestros hijos y la juventud, hemos tenido la fortuna de conocer un señor que venda las mejores y más ricas golosinas afuera de nuestra escuela o colegio, disfrutamos de la tiendita de la esquina y de la miscelánea que ofrece innumerables opciones para todos los gustos. Tal vez no son panes bien empacados o las golosinas más internacionales, son aquellas delicias con sabor de las manos que trabajaron para hacerlo y cuidarlo en el horno, son las golosinas artesanales o tradicionales que ya no encontramos en los comercios, aquellas que comprábamos en la niñez y que sabían como el mejor postre. Hoy les invito a recordar esos sabores y colores de antaño, a que entren  en la tiendita que todavía sobrevive al autoservicio, disfruten de los elotes, de la nieve, de las tradiciones, y enseñen a sus hijos los colores y sabores de nuestra niñez, recuerdos que atesoramos siempre como las huellas de los sabores de antaño.


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