Entre tú y yo

Promesas no cumplidas

Cuántas veces en nuestro diario vivir prometemos cosas, a veces sencillas, a veces complicadas, en ocasiones sólo por salir del paso, sin embargo esto a lo largo de la vida se va haciendo una costumbre y, para ser sincera, una muy mala costumbre. Es importante no prometer lo que no podemos cumplir. En ocasiones es duro, pero es mejor caminar por el sendero de la verdad. Es a veces muy fácil prometer a los niños cosas que para nosotros son sin importancia, como por ejemplo asistir al cine o comprar algún juguete. Pero no hay tiempo que no llegue, ni plazo que no se cumpla y en ocasiones prometemos sin siquiera pensar y cuando llega el momento de cumplir, no lo hacemos; entonces eso crea una desilusión y aún cuando siempre pensamos que los niños todo olvidan, estamos sentando un precedente.
Las promesas son palabras, pero no queremos que sean de las que se lleva el viento. Caer en el juego vanal es muy común, ejemplos tenemos miles: “Te llamo luego, al rato te busco, cuenta con ello, no se me olvida, está entre mi pendientes”, es una innumerable lista de promesas no cumplidas, ya que todos lo hemos hecho alguna vez y al paso de los años, con el pretexto de la vida correteada y las múltiples ocupaciones, estas palabras fluyen como agua por nuestras bocas.
El reto es ser sinceros, en algunas ocasiones nos va a costar más que en otras, pero es mejor decir un no, que lanzar una falsa promesa. Las falsas promesas a veces se hacen por tratar de quedar bien, por cultivar nuestro propio ego, por salir del paso lo más rápido posible, pero debemos tener conciencia de que sólo tenemos una vida y la tenemos que vivir de la mejor manera, que nuestras palabras valen y que nuestro corazón está en ellas.
No debes pensar que a quien le hagas una promesa la va a olvidar, eso jamás pasará,  porque  para quien espera que cumplas lo prometido tal vez será lo más importante y  valioso, contará los días y el reloj le parecerá lento, pues es  la solución a su problema, aunque para ti no sea trascendental. Por eso las promesas no cumplidas llenan de tristeza y son el aliado de la falta de credibilidad y responsabilidad.
Así que  nunca hagas una promesa que no puedas cumplir; y una vez hecha, es tu responsabilidad cumplirla, ya que las promesas son el alimento, la fortaleza y la esperanza del corazón.


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