Entre tú y yo

Dios no toma vacaciones

Estamos en la Semana Santa, una de las más importantes para los cristianos, pero ¿de verdad seguimos los oficios de Semana Santa como lo manda la Iglesia, como lo hacían los abuelos, con el fervor que te lleva a vivirlos? Esa es la pregunta que debemos hacernos hoy.
A veces tenemos diversos intereses y variadas circunstancias en nuestra vida del por qué asistir a los oficios, que esto se convierte en ocasiones en una tradición, más que en una devoción.
Para muchas personas, la Semana Mayor y la visita a la iglesia se hacen por sólo llenar un requisito, por el qué dirán, o por ver a quien asiste, pero lo importante es el respeto que cada uno de nosotros tenemos a la casa de Dios.
Recordemos que en la época de los abuelos, ir a los oficios era todo un acto de respeto y fe, se desarrollaban, por mencionar algunos,  la visita a los siete templos, el lavatorio de pies, el Viernes Santo, el Sábado de Gloria, el Domingo de Resurrección, donde las vestimentas no importaban, todos compartían una misma fe.
Hoy, sin embargo, muchos a-provechan  este tiempo para salir de vacaciones, para abarrotar las playas, conocer lugares, lo que a mi parecer no es malo, sólo considero que debemos tomarnos un momento para reflexionar la parte de nuestra fe.
Tener la oportunidad de disfrutar la vida, de estar con tus seres queridos es maravilloso. De tener el tiempo de hacer lo que te gusta, de conocer, pero no hay que olvidar  el tiempo de reflexión, de darle unos minutos al Señor para agradecer por todas aquellas maravillas que nos regala.
No importa si no visitas el templo, que sería lo ideal, ya que cuando quieres hablar con un amigo lo haces visitando su casa, pero también lo harías llamado por teléfono, aunque como Dios no necesita teléfono,  le puedes hablar  en cualquier momento o  lugar, ya que él te escuchará en ese momento íntimo de fe, que será el alimento para tu alma.
No te olvides de agradecer por todo cuanto te hace feliz hoy y por las experiencias que te han hecho crecer. Esta semana no pierdas la oportunidad de hablar con Dios, él estará atento a tus necesidades, aprovecha y sin duda no te arrepentirás, te sentirás más feliz donde quiera que estés. Recuerda que Dios no toma vacaciones.


emilu.cazares@milenio.com