Entre tú y yo

Armando: regreso a casa

Tristeza infinita dejas en los que tuvimos la fortuna de conocerte, Armando. Fuiste un hombre alegre, divertido, amoroso y un guerrero hasta el final. Tu ejemplo de tenacidad, de lucha y de amor nos deja una gran enseñanza y el compromiso de seguir adelante, utilizando todas tus experiencias de vida. Gracias por habernos dado a todos los que te conocimos y te quisimos la fortuna de compartir tu lucha incansable y tu fe en Dios. Fuiste un ser afortunado y consentido del Señor, ya que viviste en una familia con una extraordinaria madre que te enseñó, como siempre lo hizo ella, a pelear cualquier batalla hasta el final, a ver el lado bueno de la vida, con una sonrisa y alegría. También tuviste la fortuna de tener hermanos inseparables  quienes siempre te acompañaron, un padre que siempre te quiso, unas tías, tíos, primos y sobrinos que siempre te apreciaron y te valoraron, al igual que tu abuelo. Y creo primo Armando, que además Dios te dio otro regalo excepcional: tu esposa Lillian. Estoy segura de que no podrías haber encontrado una mejor compañera para unir tu vida, para estar contigo, para ser tan feliz. Ella ha demostrado una fe inquebrantable y un amor a ti impresionante. Sé que la luz de tus ojos perdurará por siempre en este amor que ella te tiene, así como en el de su familia, quienes te adoptaron y te quisieron como a un hijo y hermano más.Sé que viviste muy  feliz y lleno de amor, pero hoy regresas a tu hogar, a la casa del Señor. Estamos llenos de tristeza por tu partida, pero sabemos que tu ya estás feliz, rodeado de tus tíos y abuelos, pero sobretodo en los brazos de tu madre Olga y del Señor. Alzaré mis ojos al cielo y sé que ahí estarás mandándole todo el amor a Lillian y a todos los que te quisimos, con aquella gran sonrisa de felicidad que irradiarás en la paz de tu hogar. Este no es un adiós, es un hasta luego Armando Aguilar Ramos, un guerrero lleno de amor. 


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