Ahora que me acuerdo

Los libros que espero I

Las razones por las que un escritor tarda mucho tiempo en publicar un libro, pertenecen a una lista muy larga en la que encontramos desde razones de peso que podríamos conceder, hasta inverosímiles pretextos que, de a ratos, algo en su interior les ofrece como escollo. En Hidalgo, muchos escritores cursan inéditos desde hace ya un buen rato, negándole a los lectores la posibilidad de abrevar de sus letras. Desde aquí, va mi amistoso reclamo para aquell@s que por lo que sea, no se han decidido a poner en papel circulante, lo que la vida les provocara para la pluma.

Aidée Cervantes

Aidée es periodista y poeta. La conocí hace relativamente poco, pero desde el principio me llamó la atención la enorme carga de lo que algunos llaman “buena vibra” con la que asiste a sus días, y aunque para algunos, ese dato tal vez no aporte mucho al oficio de las letras, yo siempre estaré interesado en lo que alguien así tenga qué decir. Pero Aidée es mucho más que una buena persona escribiendo; es ante todo una mujer a la que la pasión se le desborda hasta el poema, y sus letras son ardientes, desesperadas y cargadas de la humedad que deja rastros sobre la piel, cuando se ama. Su poesía tiene la doble virtud de ser impecable por sus formas y deleitosamente transgresora por sus fondos. Cuando pienso en los poemas que le he leído, los imagino en la mesa del lector consumado, junto a los de Margarita Michelena y la “Nana” Castellanos; pero no sólo ahí, sino también en manos de hombres jóvenes, de muchachas enamoradas, de señoras que van por sus hijos a la escuela, urgiendo para que una poeta como Aidée, ponga en palabras el saldo de sus besos. Yo por lo pronto, esta noche le voy a plagiar un par de líneas, para intentar abrir las ventanas de un amor arrodillado en el que pendo, mientras amo “con alevosía”.

Ramses Salanueva

El maestro Salanueva es un Uema. Nació en Actopan, una ciudad donde es obligado ser poeta, si se pretende aventurar la vida. Mi primer encuentro con él, ocurrió en 1994, en un festival en su tierra, que también es la mía. Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos… Sin embargo, con los años, y la experiencia que a trompicones nos da la vida, hoy su poesía es también un Uema. Fue director de las jornadas culturales Efrén Rebolledo, y con esa consigna, trajo de vuelta a tierras mezquitalenses, la sangre que por Noruega se le quedara a nuestro ilustre bardo actopense. En ese viaje para conocer a los descendientes de Rebolledo, Ramsés escribió un libro del que apenas conozco lo que leyera en una ya muy pasada feria del libro, pero juro por mi madre, bohemios, que pocas veces he asistido a una lectura tan alta en estas tierras donde nos crece soterrada la andancia del olvido. El libro se llama “Cuaderno para estudiar el viaje”, pero yo lo recordaba como “Cuaderno para explicar el viaje”; ¿será tal vez que de la poesía de Ramsés, me urge más lo que de la vida tenga para explicarme? Sé que no me equivoco: Ramsés es un gigante. Podría enlistar varios logros y membretes del poeta, pero sólo agregaré que Ramsés es un hombre; nada más, pero sobre todo, nada menos…

Abraham Chinchillas

Por pura casualidad, Abraham nació en la Ciudad de México, pues su nacionalidad pachuqueña es una impronta irrenunciable, desde la que su pluma se levanta como una de las imprescindibles para explicar las letras de este siglo en Hidalgo. Lo conocí hace varios años en mi pueblo, donde junto a otros entrañables de la literatura pachuqueña, presentaba una antología poética editada por el ayuntamiento de esta ciudad. He contado esa presentación muchas veces, porque sin duda, es una de las mejores de las que he sido testigo. En esa ocasión mostró el “domi” de “Perro que huye”, un libro hoy agotado, que a mis ojos es preciso volver a editar. Abraham escribe sobre las cosas para las que muchas veces nada alcanza, si intentamos sobrevivir como si el amor bastara; como si fueran suficientes las marcas en el pecho, para encontrar una ciudad donde levantarnos del naufragio sea posible. Abraham es de mis poetas favoritos, y “Perro que huye” es un libro que espero vuelva a circular muy pronto, porque a mí también “me duele el hueco en el medio del pecho, donde embona el corazón que se llevaron los labios” de una mujer que se fue sin previo aviso. Abraham Chinchillas es un chingón…

Jamädi…