Ahora que me acuerdo

“No somos empresa, somos cuenteros…”

Hace poco más de 21 años, Jorge Skinfield apareció por los rumbos de mi pueblo, enviado por el consejo de cultura para dar un taller básico de narración oral. No estoy seguro, pero esa debe ser la primera vez que lo vi. Aún tenía un poco de cabello y lucía anteojos menos gruesos, pero creo que más allá de eso, sigue siendo el mismo gigante dos décadas después. Hoy, “con cinco canas más y menos qué perder”, Jorge es un referente obligado en el arte de la cuentería latinoamericana. En Hidalgo es el más grande, no sólo por ser el pionero, sino porque más de dos carcajadas, varios suspiros y alguna lágrima furtiva, venida de los ojos de su público, lo confirman. Y es que sin duda, más allá de cualquier discurso y pretensión, la trayectoria y el profesionalismo se confirman en el escenario.

Jorge, además de ser un excelente narrador, con varios etcéteras en el mundo de la palabra, ha sido también un magnífico formador en la materia, que, a lo aprendido de primera mano con Francisco Garzón Céspedes, le ha aportado su experiencia personal, con lo que a la fecha ha formado no sólo a otros narradores, sino también a profesionales de otras ramas que usan la oralidad para su desempeño y para convocar esperanza.

Como maestro es generoso, por lo que los logros de sus alumnos le nutren el corazón, en esta suerte de colocarlos en el camino, como colegas, compas, hermanos. Y eso, lamentablemente no es una constante en los maestros de esta y otras artes, pues a muchos les asusta ser igualados, superados o compartir el mercado con sus menores y sus alumnos. Jorge está “curado de espanto” y elige desde el principio de su carrera, por amor, quedarse a lado de los que formó, y compartirles el pastel de esta fiesta que significa ejercer el bendito oficio de contar historias.

De su vocación por fundar imposibles, al calor de unas chelas, “en torno de una mesa de cantina, una noche de invierno”, nació “Un Aplauso al Corazón”, festival de oralidad y cuentería que a la fecha, ostenta su consigna germinal: ser un espacio de encuentro para narradores amigos, que viven para compartir la palabra y la humana condición de gozar la vida; porque a pesar de que esta jornada convoca también a “figuras” de la escena y a narradores venidos del extranjero, la pretensión de Jorge es fiel a su corazón, por eso los narradores invitados, antes que “vacas sagradas”, son hombres y mujeres que aman las palabras y encuentran un placer interminable en hacer que de su boca broten prodigios en forma de cuentos y señales de luz.

La jornada de este año comenzó el viernes pasado, y a la fecha, son ya muchos los que han disfrutado de la palabra de Laura Dippolito, María Fernanda Gutiérrez, Víctor Chi, Pablo Andrés Delgado, Jorge Roldán, Cinthia Gutiérrez Navarrete, Domingo Villamil, Alma Tinoco, Paul Berssey, Ana Newmann, Sandra Flores y Miguel Ángel Rivero. Todos ellos voces indiscutibles; irrenunciables, si de atender al cuento con el alma se trata.

El día de ayer, en el marco de la gala cuentera que se ofreció en el Teatro Hidalgo, en punto de las 19:00 Hrs., BEATRIZ FALERO, una de las figuras más importantes de la lengua española, en los terrenos de la oralidad, recibió un reconocimiento a su muy importante trayectoria no sólo en los escenarios, sino también como una de las más fructíferas formadoras de narradores orales que existe en América Latina.

Yo me siento muy orgulloso de conocer a Jorge Skinfield y de muchas veces haber asistido, gozoso, a las sesiones donde le florecen picosas y tiernas las historias que ha ido recogiendo a lo largo de su vida. El título de esta nota es una frase que usan él y sus amigos para confirmar que, a pesar de también vivir de este oficio, no lo ejercen por la mezquina consigna empresarial de ser una corporación de mercaderes, sino por el bendito manifiesto de quien blande la palabra como destino. En su festival, los extranjeros, los nacionales, nuevos o consagrados, reciben el mismo trato y los mismos espacios. Eso y mucho más, habla de la calidad de ser humano y de hombre que le habitan. Hoy va por la vida enamorado de Carmen, escenario que sus amigos agradecemos, porque estoy seguro, desde ese amor añejo, le han crecido signos de esperanza con los que hoy dispone un espacio NO para que los narradores “vengan y (él) les cuente”, sino para que juntos le aplaudamos al corazón de esta tierra, que tanto precisa de la pasión que brota de la palabra encendida de seres como Jorge y sus secuaces.

Jamädi…