Ahora que me acuerdo

Por el Valle

El Valle del Mezquital es el gran desconocido de la cultura de Hidalgo. A pesar de que geográficamente, esta región comienza a menos de 20 minutos en auto, desde el centro de Pachuca, poco o nada se sabe de su vida cotidiana, sus realidades, sus culturas, sus logros y sus verdaderos desafíos.

La literatura y los medios, se han encargado mayoritariamente de denotar las carencias y los retos del Valle, pero también existe testimonio de sus alegrías y celebraciones; en el Valle, la vida misma es un ritual donde conviven la esperanza y las raíces. Cierto, hay casos como el de “La nube estéril” de Antonio Rodríguez que, a pesar de los más de 60 años que han pasado de su primera publicación, tiene una vigencia irrenunciable desde el crudo escenario de las carencias e injusticias que signa para esta tierra nuestra de cada día. También, desde lo agreste del paisaje y la seca, muchos de los poetas y narradores de acá, no hacen sino escribir de lo que Juan Galván afirma: Quien intente relatar de esto su peso y su memoria, debe ser alguien capaz de extraer de las canículas y de la sed lo que entendemos como la sabiduría de la tierra incorporada a la piel, a la mirada, para hacerla voz, letra escrita que huele a leña de mezquite, a huella de surco asaltada de pronto por una modernidad que se incorpora, dolorosa, al devenir de un territorio que es cada vez más en el olvido, cada vez más mito; es decir, una epopeya de sobrevivencia.

Confesamos y reconocemos ese olvido, pero también celebramos la palabra de los nuestros que, entre la canícula y la incuria, canta y aguanta.

La literatura que se hace en esa tierra y su tradición oral, están íntimamente comprometidas con su día a día; vienen del lugar de su ombligo más viejo, y dialogan con el presente, donde la endoculturización los pone de cara a los espejos y las ventanas de una modernidad asaltada por la migración, los rostros nuevos de la pobreza (que muchas veces ya no es “asunto de centavos”), el dinero que mandan los “norteños” y las cosas que consigue (sus fortalezas y debilidades ante el fenómeno de las remesas), la rabia acumulada, el hartazgo y más abandono aún, en estos pueblos donde les tocó nacer, y donde a pesar de todo, siguen asomándose las raíces y las alas de este nuestro “pueblo en vilo”.

Creo que el deber de los gestores culturales y las autoridades de nuestra entidad, debería ser el de honrar el esfuerzo comunitario de los pobladores del Valle, por mantener su palabra al vuelo y por resistir.

Y sobre todo para que conste, la obra literaria representativa del valle del Mezquital:

A mi juicio, y también al de muchos otros, dentro de lo producido en el Valle, estas son las obras que no sólo representan esta tierra desde los temas que aborda, sino que también encarnan lo más granado de las letras de esta región del Estado de Hidalgo:

Poesía – Canto al Valle del Mezquital – Alberto Avilés Cortez (Poxindeje, San Salvador, Hgo.)

Ensayo – Los otomíes del Valle del Mezquital – Raúl Guerrero G. (Alfajayucan, Hgo.)

Narrativa – La nube estéril – Antonio Rodríguez (El maestro Rodríguez es originario de Portugal, pero su obra, publicada hace 57 años, sigue siendo leída y atesorada, entre otras cosas por la gran vigencia de la historia que relata, al interior de la realidad social e histórica del Valle del Mezquital).

Narrativa – De biznagas y otros nombres – Juan Galván Paulín (Vecino de Ixmiquilpan, Hgo.)

Dramaturgia – No existen textos sólidos y representativos en este género (en y sobre el Valle).

Canción popular – La obra de Consuelo Paulín Rodríguez (Guía y traductora de Antonio Rodríguez en el Valle del Mezquital) compositora de las canciones más populares y emblemáticas de la cultura Hñähñü como: El perro pastor, La Comadrita, La Pastorcita, etc. (Capula, Hgo.)

Ojalá los afanes culturales de estos días nos permita revisitarnos, voltear los ojos y el corazón a lo profundo de nuestras raíces y nos haga mirar hacia afuera, pero “haciendo tierra” en el sitio donde nos “enterraron el ombligo”. Y ojalá que todo esto llegue a los fuereños, a la gente que nos desconoce, a los extraños; a aquellos para los que el Valle no les representa más que miseria, aridez y balnearios de aguas termales. Porque el Valle, dentro de su encierro involuntario, tiene una riqueza de la que también queremos hablar; cierto, eso decimos todos de nuestra “matria”, pero hoy, sé bien que los mezquitalenses hoy día queremos aportar un pequeño filo desde el que cale la historia y las costumbres de un pueblo que se alimenta de flores mientras canta y hace poesía de lo suyo y lo del mundo.

Jamädi…