Ahora que me acuerdo

Recados y plagios pendientes (Me moriré en Pachuca un día de secas...)

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Suplico atentamente disculpen el silencio, pero las batallas no han sido en el desierto de Carlos. Yo hubiera querido alguna vez salirme de la escuela como él, para ver a Mariana; tal vez así Café Tacuba también hubiera cantado mis hazañas.

Me han dado la tierra, pero nada se parece a aquello que se adivina más allá de las colinas, donde columbra la lluvia. He andado con los oídos bien abiertos y no alcanzo a escuchar si por ahí ladran los perros. No veo luz enalguna parte, ni si contra estas penas hay esperanza. Cargo en la cadera un tizón herrumbroso que me arrodilla las ganas; dicen los que saben, que es hermoso como una rosa del Sahara y como los conejos de Siam, porque no para de hacerse muchos y de nombrarse legión.

Damiana Cisneros no ha venido a levantar las sombras con la charola del almuerzo; yo, por mientras, hago el intento de caminar más que unos cuantos pasos. De momento no volveré a la ciudad, pero algo de mí reclama con urgencia las calles de Isabel la Católica, aunque ella y yo renunciemos a las aguas del bautismo, en tanto que Madero monta a caballo por los pasos de su muerte, entre pétalos de helado y miel...

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Todo ha cambiado. La casa se queda más vacía desde que te fuiste. Nada será otra vez igual. No llamas, y pasarán más días sin que vuelvas a llamar, sin que escribas, sin que vengas con una carga de buenas noticias desde el sur; sin que llegues a iluminar la casa, las calles de la colonia y la noche larga de esta edad.

No me quedan ojos para reconocer tu rastro. Hoy las paredes de la casa se caen a pedazos. Llueve y la ciudad nunca será la misma sin tus besos. Se robaron el medidor del agua; ¿conoces a alguien que pueda venir a robarse la tristeza?

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Algo se nos quebró por dentro, y la casa empezó a vaciarse. Le crecen polvo y arañas a las esquinas. El agua se cuela por las goteras, pero el techo no acaba de caerse aún sobre los rastros borrosos de otros días en los que salía el sol. Ya no estás para levantar las lágrimas y salvarme del desahucio que apuran los cuchillos. Vinagre y sopas instantáneas serviré para la cena, y tú no vas a estar para tirar los restos al bote de basura. ¿Dónde se guarda la estación y los hierros de la espera?

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Llamó Tania para contarme que me invitarán a comer sushi el día de mi cumpleaños. Hace tantas lunas de aquel cuando estuvimos juntos en el patio de comida de Galerías. ¿Lo recuerdas? Fue el día de la papaya y la yerba. Tal vez coma sushi ese día, pero una vez más no estarás para comerlo conmigo. A esta puta ciudad le ha crecido la andancia de tu lejanía. Quiero dormirme tarde mirándote, y despertar junto a ti en mi cama pequeña. No quiero más iglesia de Sanjuditas mirándote partir...

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Hace unos días, mi amigo Juan Ernesto perdió la batalla de 11 años contra la leucemia. Comenzamos juntos el tratamiento, con diagnósticos similares. En aquel tiempo, a ninguno de los dos nos auguraron mucho tiempo de vida, pero nos negamos a creerlo, y superamos el pronóstico por cientos de días y noches de luna llena.

Lo conocí en el hospital, y nunca hablamos, sino hasta que nuestras vidas habían recuperado gran parte de la normalidad con que la enfermedad nos sorprendió violentamente, en medio del espanto de no poder cumplir nuestros anhelos. Los dos nos levantamos casi al mismo tiempo, pero hace unos meses, los blastos aparecieron de la nada, otra vez a envenenarle la sangre, y la semana pasada mi amigo se volvió eterno.

Descansa, Juanísimo. Ya no habrá más quimioterapia, ni dolor encadenado. Hoy te vuelven a crecer las alas que un día te cortaron. Prepara el mariachi y los mezcales, para recibirme algún día de fiesta por allá, pero tómate tu tiempo; pienso tardarme un rato más en alcanzarte.

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Mi amigo Gil canta y me explica largamente la vida: Uno retorna siempre a quien lleva dentro,/cuando la vida es más vida y la muerte también./Si ya no es fácil cruzar el abecedario,/ni aguardar en el campanario,/preciso entonces tener los planes/para seguir gastando mis años;/o ahorrarme por ti los años./A veces creo que no voy a durar más tiempo,/si mis recuerdos repasan lo que no soy./Yo voy por ti hasta las cuerdas del mar, o al alba/de los solares tras de mi casa,/donde en la noche también da el sol... Jamädi…