Ahora que me acuerdo

“María Fernanda Gutiérrez: educando para el alma…”

Hay algunos temas en los renglones del arte que, en muchos casos, cuando ves a un ejecutante, ya viste a casi todos, pues incluso, más allá de aquellos que se copian o emulan, también están los que se sujetan a una escuela, camino o estilo. En la narración oral, no siempre es fácil encontrar voces originales, porque el molde de la raíz, a pesar del tiempo, las corrientes y las disidencias, sigue siendo el mismo, por lo menos como referente. Sin embargo, y pese al hecho de que el paradigma “garzoniano” es estricto, siempre cabe la posibilidad de hallar al vuelo, decidores y cuenteros que son una ocasión para el asombro de los que tenemos la suerte de toparnos con el valor de su palabra. Uno de esos prodigios pasó por Pachuca hace apenas unas semanas, en los escenarios del 3er. Encuentro Internacional de Oralidad y Cuentería “Un aplauso al corazón”. María Fernanda Gutiérrez es el nombre de esta amantísima sibila argentina que más que a contar, vino a encantar.

De todas las rutas que sus oficios de narradora y educadora le han señalado, ella ha asumido una consigna: “VOLVER A ESCUCHARNOS”. De la que nos cuenta: Esa es la propuesta que tiene CAMINANDOCUENTOS; trabajo que me ha llevado, en una primera etapa de diez meses con una mochila al hombro, caminando literalmente por mi país, Argentina, en busca de las historias que cada persona tenía para contar… historias personales, leyendas populares y un sinfín de relatos que surgieron en ese caminar.  En ese comienzo recorrí 15 provincias de mi país, que  significaron más de 20,000 km. recorridos, y el contacto con unas 10,000 personas.

Ese proyecto que a fines del 2008 fue declarado de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, fue el que abrió la gran puerta de un estado de conciencia mayor, que tenía que ver con lo que estaba ocurriendo en materia de educación en Argentina… y, por supuesto, al seguir observando, en el mundo. A esa semilla inicial, la llamamos, mis compañeros docentes y yo,  EDUCACIÓN PARA EL ALMA.

“Esa es la tarea: acompañar en la mirada, a los que aún no pueden comprender la variedad, los matices; es el tiempo de enseñar que hay más colores que los que nadie jamás imaginó ver…” Lo bueno es que “ESTAMOS A TIEMPO DE VOLVER A SER NIÑOS Y EDUCAR PARA EL ALMA Y DESDE EL ALMA”.

La propuesta ha sido trabajar el cuento directamente para la creación y como estímulo creativo de jóvenes y niños. Ellos aún tienen fresco el recuerdo del inicio, saben mucho más certeramente sobre la chispa primigenia que los creó. En los tiempos que vivimos, esto muchas veces obra en contra de ellos mismos, ya que estar cerca de ese estado les confiere una especie de inocencia que los deja expuestos a diversos grados de violencia. La mayoría de los niños y jóvenes no reparan en sus propios procesos; en realidad, los comprenden pero no condice lo que ellos sienten con lo que el ámbito en el que trascurren sus vidas, les devuelve. En algunos casos esto se convierte en crisis o síntomas que no son observados certeramente por los adultos que los rodean.

Hace algunos años que me dedico a los cuentos… primero a escribirlos y luego a trabajar con la palabra oral, y siempre, siempre, siempre… a vivirlos. Esto me dio cierta flexibilidad en la observación de lo que le ocurre a la mayoría de las personas con las palabras.

Hace tiempo, tuve la inmensa fortuna de compartir y aprender en los talleres de oralidad que brindé en una escuela primaria de la provincia de Santa Fe. Todos ESTABAMOS Y ERAMOS. Pudimos sentirnos y saber que las palabras a través de un cuento, un poema, un sueño o un susurro… pueden agrandarnos. El trabajo propuesto desde la base de Caramelandia, una obra de teatro que escribí hace tiempo, me permitió transita, distintas variables, para que en la escuela donde aplicamos el proyecto, apareciera el juego, la lectura, la actuación, el uso de medios digitales, los conceptos del compartir y cocrear, y no porque lo pidiera una programación didáctica, sino porque estábamos dispuestos a entregarnos al juego que nos enseñaría por fin nuestra esencia.

Y como el juego y el cuento siguen siendo mi alegría de vivir, hice que los personajes de Caramelandia llegaran a Zacatecas, y trabajando allí con los alumnos del Taller de teatro de la UAZ, compusimos esa historia durante dos meses de ensayos y juegos. Y así el pasado 27 de junio una gran cantidad de niños zacatecanos salieron con nosotros a seguir pistas y mapas, hasta lograr que apareciera el Gran Tesoro de Caramelandia. Todo este trabajo sólo prueba que niños, jóvenes y adultos creemos en algo más: creemos que el ser niños sigue siendo algo de lo que no deberíamos irnos jamás.

María Fernanda, desde sus afanes pedagógicos y artísticos, nos provoca para que como los antiguos toltecas, solamos dialogar con nuestro propio corazón…

Jamädi…