Ahora que me acuerdo

La Flor Canora del Valle del Mezquital

Doni K’atade

En el discurso que pronunciara Elenita Poniatowska, este 23 de abril, al recibir el Premio Cervantes, dijo: en México hay un dios bajo cada piedra, un dios para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la muerte. Contamos con un dios para cada cosa y no con uno solo que de tan ocupado puede equivocarse… Nuestro ya tan anacrónico himno nacional dice que a la patria, el cielo un soldado en cada hijo le dio… Sin pecar de chauvinista (espero), afirmo que en el Valle del Mezquital, mi matria, un artista en cada hijo nos dio el cielo. La lista es larga, y no sólo entre los aficionados o los dedicados al arte desde formas “menos cultas”, dirían algunos (yo no), sino también de manera prolífica, entre aquellos que ejercen profesionalmente los lenguajes artísticos como oficio.

Entre la pléyade que al Valle le fundó el cielo, hay una flor canora que nació en 1920 en Capula, comunidad del municipio de Ixmiquilpan, Hgo. Su nombre: Consuelo Paulín. Las palabras de su hija Irene la cuentan así: mi madre fue pastora desde muy temprana edad, y en esas idas al pastoreo, le nació el gusto por las canciones en su lengua hñähñu. En 1938, una maestra le hizo una invitación por parte de la Secretaria de Educación Pública, para que viajara a la Ciudad de México, donde participaría en un concurso de costura. Las personalidades que asistieron al concurso solicitaron que alguien cantara algún tema tradicional de su pueblo; ella fue una de las espontaneas, e inmediatamente se ganó el reconocimiento de los asistentes, entre los que se encontraba don Emilio Azcárraga Vidaurreta. En ese momento, el señor Azcárraga le ofreció un espacio en un programa de radio, en la XEW. El público la recibió muy bien y las felicitaciones de los radioescuchas de toda la República mexicana e incluso de otros países, llegaron a raudales. Junto a la popularidad que la radio le trajo, fue creciendo como intérprete y compositora; entre sus temas encontramos títulos como “El Perro Pastor” (uno de los temas más populares de la música hñähñu), “La joven de mi Pueblo” y “Vuela palomita, vuela…”, que fue la última canción que en vida compusiera.

Durante su paso por la radio, conoció y compartió los escenarios con grandes personalidades de la música como Agustín Lara, Francisco Gabilondo Soler “Cri Cri”, María Conesa, Cuco Sánchez y Tata Nacho; de éste último, recibió mucho apoyo para ascender hasta donde llegó. Doni K’atade (su nombre artístico, tomado de una flor del Valle), tradujo al hñähñu, algunas de las canciones más populares de la época, como “La Borrachita” de Tata Nacho y “El Quelite” del dominio público. Consuelo Paulín también es autora de algunas de las melodías que conforman la Danza del Ixtle.

En aquella gloriosa década de los 30’s, tuvo el placer y el privilegio de pisar el escenario del Palacio de Bellas Artes y dar un recital con un amplio repertorio de canciones reconocidas y de su propia autoría; todas las interpretaciones las hizo en la lengua de su pueblo.

En pleno apogeo de su carrera artística, su hermano mayor se la llevó a la ciudad de Tijuana, truncando con esto el ascenso vertiginoso en el que se hallaba. Después de 5 años regresó a Hidalgo, y en su afán de conseguir un empleo, como mujer inquieta que siempre fue, se acercó al Patrimonio Indigenista del Valle del Mezquital, donde le dieron el puesto de enfermera rural, desde el que luchó denodadamente por la salud de su pueblo. Este oficio la llevó a Cardonal, para atender el Centro de Salud en 1955.

En 1969 durante los festejos del centenario de la erección del estado de Hidalgo, es invitada por el Lic. Alfonso Corona del Rosal, a participar en el programa artístico de la celebración. A partir de entonces, participó en diferentes eventos promoviendo la música tradicional de nuestra tierra. En Cardonal se le escuchó cantar en público por última vez, acompañada de su hijo Enrique Hernández Paulín.

Doni K’atade, la flor canora del Valle, muere en Ixmiquilpan, Hgo., el 25 de marzo de 1995. Sus restos se encuentran en el panteón de su natal Capula. Su cuerpo descansa pero sus ideas, pensamiento, amor y sus canciones siguen vivas para la honra y la gloria del pueblo hñähñu, en el Valle del Mezquital. Mi abrazo y mi reconocimiento para sus hijos: Consuelo, Irene, Enrique, Olga, Blanca Estela, Arturo y Norma. Hoy, más que nunca, Jamädi…