Ahora que me acuerdo

Fiesta para el Mezquital 2014

La primera vez que asistí a la Fiesta para el Mezquital, fue hace unos años, en el 2007, cuando, camino del “whisky del Tixqui”, unos amigos y yo pasamos por Santuario, en Cardonal, y nos detuvo la celebración. Ahí en la plaza se levantaba la carpa debajo de la que artistas propios y de fuera, pasaron 3 días compartiendo con la comunidad sus palabras y sus actos.

Después de estos años, la fiesta cada vez ha ido creciendo más, y hoy se levanta como una de las jornadas culturales más significativas del estado, pues sin los pretensionismos baratos de otros festivales, esta es por sobre todas las opciones, una verdadera gala donde conviven los espejos y las ventanas de las que siempre hablo: acá, el mezquitalense puede asomarse al espejo que es su propia creación, su obra, sus modos y su palabra, pero también se asoma con buen asombro a otras manifestaciones donde los lenguajes artísticos nos enseñan que no hay más raza que la humanidad, ni más palabra que la que se canta, se baila, se pinta. se toca o se dice para nombrarnos como hermanos.

Conocí a Isaac Escamilla, director de la fiesta, en aquella tarde de agosto de 2007, en el alto Cardonal donde habita el Santuario de Mapheté. La noche de ese sábado muy fresco, como suele ser agosto en aquellas tierras mezquitalenses donde las montañas serpean, terminó entre huapangos y baile, como buena fiesta de por acá. Por aquel entonces yo colaboraba en uno de los varios festivales que en Hidalgo ocurren, y a pesar de los membretes que ostentaban el mío y los otros, este que apenas comenzaba, vino a ponernos el ejemplo desde aquel hermoso rincón del Valle: el festival no era solamente una caravana de artistas venidos de fuera para entretener a los lugareños, no; aquí lo que pasó, fue que entre todos levantaron la algazara, y en el más amplio sentido de la palabra comunitario, la comunión y el trabajo compartido, hicieron que desde ahí las historias tejieran la trama desde la que se gestan ya, no sólo la zambra nuestra de cada año, sino varios proyectos más que en diferentes áreas, benefician a las comunidades con las que Isaac y sus compañeros de fórmula colaboran.

Según su página web, los objetivos de la Fiesta para el Mezquital son los siguientes:

• Poner al alcance de las comunidades rurales del Valle del Mezquital, manifestaciones artísticas propias y externas para ser conocidas y reconocidas. Este año, como en los anteriores, pude mirar al público asombrado de Lagunilla, Mpio. de San Salvador, disfrutar largo de los espectáculos y las presentaciones artísticas. Sé muy bien que en lo conocido y en lo desconocido de lo dicho ahí desde el escenario, más de uno pudo reconocer la otredad del que venía y la mismidad desde donde le hablaba boca a boca y corazón a corazón.

• Promover e incentivar en los más jóvenes, el conocimiento de las dinámicas de vida que se dan alrededor de los recursos naturales de la región desde un enfoque utilitario y estético.

• Desarrollar condiciones óptimas para la generación de creadores nativos en el ámbito artístico. Me queda claro que lo que la Fiesta para el Mezquital sigue haciendo es sembrar, pero también ya ha comenzado a cosechar: las posibilidades de acceso que significa el festival, y el hambre que despierta por la vocación de decir y compartir, están sentando las bases para que muchos levanten la voz, en el afán de decir lo muy suyo y lo de los demás; amén…

• Crear un espacio de recreación para que las nuevas generaciones retomen prácticas de su propia cultura en conjunción con diversas disciplinas artísticas. Además de espejo y ventana, esta fiesta es también “ropero de la abuela” que se abre para mostrar el principio de nuestros principios, desde donde nuestro nombre común deja en la tierra nuestro ombligo y nos funda alas desde la raíz.

• Generar un sitio de encuentro y reflexión sobre la identidad cultural de la región promoviendo la revalorización de la misma. Mirar a los otros, siempre nos hará voltear a mirarnos a nosotros mismos. Encontrarnos, siempre habrá de permitirnos conjugar, sumar y multiplicar.

Esta vez en Lagunilla, me dio gusto saber que en la fiesta, como dice Galeano, los horizontes sirven para caminar. Desde esta casa arrodillada en los suburbios de Pachuca, mientras la tos se come mis pulmones, abrazo con regocijo a todos los que ponen la mesa y nos invitan a un comelitón donde los invitados y los que reciben, son hombres y mujeres de palabra.

Jamädi…