Ahora que me acuerdo

Feria del Libro de Tlaxcala 2014

Hace unos días terminó la primera edición de la Feria del Libro de Tlaxcala, organizada por el Instituto Tlaxcalteca de Cultura; una jornada con honestas y muy bien trazadas pretensiones, sobre las que se levantó una fiesta de palabras por la que los tlaxcaltecas deben sentirse muy orgullosos; aunque dicho sea de paso, en Tlaxcala no les faltan razones de orgullo, si de cultura se trata.

Siempre he dicho que las ferias del libro en Hidalgo, mi tierra, son como volver a casa; el año próximo, si la vida me lleva otra vez a la de Tlaxcala, será como regresar a la casa de mis mejores amigos, porque eso es una feria del libro: un espacio donde te encuentras entre dispares que comparten los caminos; y es que los lectores, afortunadamente, son multivocales y multiformes. Entre la gente que pasó una y más veces por los stands de la FELT, había de todo, literalmente, lo que muestra que en Tlaxcala, la lectura no ha sido selectiva, sino profundamente democrática, y en su ciudadanización, mucho han tenido qué ver los afanes institucionales y las políticas públicas en materia lectora.

El equipo del ITC fue comandado por su director, Willebaldo Herrera Téllez, de quien quisiera contarles una anécdota: un día después de terminada la feria, mi hijo, Zyanya Mejía y yo, fuimos invitados a la inauguración de una Sala de Lectura en una de las unidades habitacionales de Huamantla; allá llegaron para presidir el acto, Ignacio Vázquez y el maestro Herrera, junto a funcionarios del NFONAVIT en Tlaxcala. Me llamó la atención su sencillez, porque aunque esperamos que ese sea el modo de conducirse de los servidores públicos, no siempre es el caso. Cuando tomó la palabra la representante vecinal, le llamo afectuosamente Willy; una fórmula que poco se acostumbra para nombrar a un personaje del gobierno, a menos que entre el pueblo y él, se haya creado el vínculo amistoso que sólo la credibilidad y la confianza procuran. Cuando la gente se dirige a un funcionario del modo que lo hace con sus amigos, es porque seguramente algo bueno están haciendo en su desempeño oficial. Y seguro que así es, porque de otro modo, esta feria no habría sido lo que fue: un festín para los glotones y gulosos de la palabra que asistimos para reafirmar nuestro idilio con los libros; aunque también hubo banquete para los nuevos lectores y los primerizos; para todos, las mesas estuvieron dispuestas y rebosantes.

Entre los aciertos que esta feria tuvo, me regocija mencionar los siguientes: 1.- Muchas de las actividades fueron coordinadas y operadas por los mediadores del Programa Nacional de Salas de Lectura en Tlaxcala. Sin duda, nadie mejor que ellos para guiar, de la mano, a los nuevos lectores y para compartir, con los que ya leen por el placer de hacerlo. 2.- El programa estuvo bien balanceado, para todos los gustos, conformado por talento local y foráneo, con figuras muy importantes del mundo de las letras y las artes. Me parece que este programa fue integrado pensando en el público, antes que en los gustos de los programadores, lo que habla muy bien de sus intenciones, que pienso no están basadas en darle al público lo que pida, sino en enseñarles a pedir. 3.- Se dedicó un día entero a la literatura en lenguas indígenas. Y no sólo hubo letras, sino también música, narración oral y juegos en náhuatl y Hñähñü. 4.- Los precios en la feria fueron muy accesibles, a diferencia de otras en las que he estado, y no sé si esto lo haya propiciado el propio ITC, pero me alegra haber encontrado una oferta de buenos libros a un costo accesible, porque como dijera Galeano: “A los libros ya no los prohíbe el gobierno, los prohíbe el precio…” 5.- Como un detalle importante, en beneficio de los asistentes, quiero resaltar que el ITC obsequió cientos de vales intercambiables por libros, que podían ser canjeados en todos los stands de la feria, además de que un número importante de las ediciones del propio instituto estuvieron disponibles “SIN COSTO” para los lectores. 6.- La lista sería mucho más larga, pero el espacio de esta columna es limitado, sólo quiero agregar que si la de este 2014 fue así, imagino que las que vendrán serán prodigiosas.

Para terminar con esta nota, sólo quiero agregar los nombres de los que estuvieron al frente de esta batalla ganada: Willebaldo Herrera, Dir. Gral. del ITC; Luz Estela Hernández, titular del Departamento de Patrimonio Cultural y Programas; Grecia Murillo, coordinadora del Programa Alas y Raíces en Tlaxcala; Ignacio Vázquez López, coordinador del Programa de Fomento a la Lectura.

Jamädi…