Ahora que me acuerdo

Domingo Villamil, cuentero de corazón

Domingo Villamil es barrio; tal vez pocas palabras podrían definirlo mejor que esta y sus consecuencias. Aunque nació en Pachuca hace 44 años, cualquiera, en el mejor y más alto de los sentidos, podría confundirlo con un capitalino promedio de la CDMX, por sus modos francos, alegres y la romería con la que asiste a la vida. Su acento es un híbrido delicioso entre vagonero del metro, merolico y cobrador de ruta, pero lo que en realidad es se escribe con más altos conceptos: maestro, juglar, cuentero y señor de la palabra.

Lo conocí en mi pueblo hace 20 años, en una obra de teatro con el “Hecho en México”, grupo que por ese entonces traía del tingo al huapango y regenteaba el maese Jorge Skinfield. Mi memoria ha comenzado a hacer agua por todas partes, pero lo que queda de ella, me dice que el maestro Mingo, ha cambiado muy poco: tal vez apenas unas cuantas canas y las marcas de miles de risas y sonrisas que han venido a habitarle la cara, mientras que pasa la vida. Pero la fiesta que lo sigue, está ahí, intacta, tal como se la conocí, cuando en “La Amenaza Roja” de Alejandro Licona, lo vi iniciar una carrera que está a punto de cumplir bodas de plata.

El oficio de actor agarró de la mano al maestro Mingo, y le forjó desde esa prodigiosa ocasión, una carrera muy seria que lo colocaría en el selecto grupo de profesionales de la escena en Hidalgo, que, sobre todo, aprendieron a actuar “actuando”. Aunque también es cierto que su formación se consolidaría formalmente en los múltiples cursos, talleres y diplomados a los que ha asistido, llevado de la mano por la vocación que generosamente llegó a poblarle los caminos. Destacan en su proceso de adiestramiento, en el verano del año 2000, su participación en el diplomado de actuación que ofreciera la Casa del Teatro en Molino de San Cayetano, Edo. de México., y el taller de dirección escénica impartido por el maestro Ramírez Carnero, en lo que por entonces llamábamos Escuela de Artes, hoy Centro Estatal de Artes.

Además de ser dirigido por Skinfield, también participó en obras dirigidas por otros notables del teatro como Ricardo Ramírez C., Francisco Ramírez  y Edmundo Lima, entre otros. Con la experiencia que fue juntando, el maestro se aventuró a dirigir sus propias obras con grupos de escolares que le permitieron explorar los escenarios, también desde el papel del creador. Las hijas de Villa y Renovación Moral, son apenas dos gozosos ejemplos con los que el maestro consiguió varios premios, reconocimientos y muy nutridas temporadas teatrales en Hidalgo.

Casi a la par de su carrera teatral, Mingo comenzó sus pasos en los terrenos de la narración oral, otra vez bajo la guía de su amigo y maestro Jorge Skinfield. Hoy día, es uno de los más notables, activos y amenos cuentacuentos en nuestro estado, lo que de ningún modo es poco decir, pues desde hace unos años, el nivel de competencia en esta disciplina, se ha incrementado en calidad y número de ejecutantes en tierras pachuqueñas. A Domingo Villamil no lo vi narrando cuando comenzó, pero desde la primera ocasión que fui su público, al día de hoy, lo he visto crecer disfrutando y amando esta carrera que tanto le ha dado como artista y como ser humano. Vean si no: hoy, el maestro es requerido en los principales eventos y festivales de narración del centro de país, tiene un grupo de seguidores entre los que yo me cuento, y a diferencia de nuestros comienzos, cuando éramos artistas más bien moleros y cheleros, hoy el maestro también recibe a cambio de su trabajo, el justo débito merecido por un profesional, con lo que su mesa y la de sus hijos, se bendice en el arte milenario del “había una vez…”.

Por los cuentos conoció al “su amor de ahora”, que no es el primero, pero sé que se afana porque sea el último. A mí me parece que este dato, no es una casualidad, porque lo que Mingo ha hecho, siempre lo ha hecho por amor, y el amor abre las puertas para que la vida se acomode y sucedan los milagros. Hoy desde ese milagro que lo ha convertido en un prestidigitador cuando cuenta, agradezco tener la oportunidad de conocer al maestro y de escuchar sus historias llenas de amoroso humor y desmadrosos prodigios; él que como cuentero, es un chingón.

Jamädi…