Ahora que me acuerdo

Carta para Amparo González U. Torres

Querida Amparo, y perdone que no le llame por su título, pues quisiera que esta carta tuviera más un sentido humano que oficial, muy parecido al modo en que usted distingue a sus amigos; creo también que en su caso, no hay mejor título que su nombre, pues su persona supera cualquier cargo o nivel, en la seguridad de su ejercicio, pues usted es una profesional, en el mejor sentido de la palabra, porque lo que hace, se sustenta en una profesión de fe, en una apuesta hacia el futuro, como decía Benedetti.

Esta mañana, el profesor Oscar me entregó una invitación para asistir a la inauguración de la 14ª Feria del Libro Infantil y Juvenil. Es posible que esta sea la primera ocasión que recibo una invitación impresa para el evento, aunque soy muy desmemoriado, y han pasado ya 14 años desde la primera vez. Sin embargo, creo que no ha hecho falta, pues los habitantes de una casa no necesitan ser convocados a la mesa propia, porque ahí hay espejos donde pueden reconocerse entre los que buscan abrigo bajo el mismo techo.

El cartel de 2014 es una casa; nunca tan bien elegido un símbolo para el afiche, porque cada vez, la FLIJH nos devuelve la esperanza del viajero que regresa tras un año de ausencia, y lo reciben los brazos abiertos de los que lo esperaron de par en par, y encuentra todo lo bueno en el mismo sitio que lo dejó. Amparo, es posible que algunos opinen que exagero, pero lamento que aquellos nunca hayan tenido para celebrar ocasiones como esta, porque la feria es una gala, una ceremonia multivocal, donde el altar es también el cuerpo de la ofrenda.

Hay otras ferias en Hidalgo, pero ninguna se parece a la del “Ferrocarril”: la de la universidad es una feria grandota con un presupuesto enorme, pero es profundamente institucional; sus afanes y resultados son medibles y cuantificables, lo que me hace sentir que su importancia radica sobre todo en su tamaño. La del “Poli” es joven aún, y cada vez un poco mejor, pero harán falta otros años y redireccionar algunas formas y estrategias, para responder a las necesidades lectoras en nuestra entidad. En cambio, la que ustedes organizan, es siempre un momento que nos salva del desahucio, en esta ciudad donde nos crece soterrada la andancia del hartazgo. Esta sí es un verdadero espacio para las letras de casa, donde siempre es grato volver a ver y escuchar a los nuestros, a aquellos que desde su pluma nos nombran en esta aventura que significa sobrevivir mientras “se va la vida, se va al agujero, como la mugre en el lavadero…”

Cada año es bueno mirar en el “Ferro” a las plumas hidalguenses caminar entre libros, como se camina por el patio familiar. Justo ahí he conocido a algunos de los nuestros: escritores de este estado que desde sus letras cómplices, nos regalan la ocasión de levantar las sombras del olvido. Agustín Cadena y sus veranos en Pachuca, se ha vuelto mano y palabra de amigo para cualquiera que lo tope y le hable, mientras mira los stands de libros o firma los suyos. Diego Castillo y Alfonso Valencia, que son “mis gallos” en el tema de las mejores letras nuevas de estas tierras, aparecen varias tardes por ahí, con su buena onda, mientras algunos se les acercan para confirmar que las mejores batallas se libran bajo la lluvia cuando vienen las luciérnagas.

Querida Amparo, cuando la miro afanada porque las cosas salgan bien en la feria, me siento orgulloso de que en Hidalgo, usted sea parte del equipo enorme que hace posible todo lo que estos días nos traen. Entre ustedes también la lista es larga: los que gestionan, los que disponen, los que programan, los que cargan, los que se desvelan o se desmañanan, los que se malpasan antes durante y después… y poderosamente, los que inspiran. Usted está en todos esos grupos, y en algunos más, donde la carga no se reparte tanto, sino en los hombros de aquellos que encabezan la alineación. Mis saludos al indispensable José Vergara, y a Sergio Aranda, Carmen Ubaldo y la pléyade de obreros que desde el viernes 25 encenderán las luces de la casa. No sé cuántos días puedan llevarme al “Ferro” mis pasos cansados, pero trataré de estar alguna vez, para ser testigo de la mano y la palabra de todos. Con el tiempo, he pasado del escenario a las sillas dispuestas, pero desde cualquier lugar, las cosas de la feria tendrán siempre el mismo sabor a buenas nuevas.

Jamädi…