Plegarias políticas

El periodismo que viene

Más allá de que las redes sociales estén siendo aprovechadas y hasta explotadas por los profesionales de la comunicación, no dejarán de ser simples herramientas de trabajo.

Esta parte de la comunicación digital intenta ser potenciada por los periodistas, tanto como lo hicieron con los medios electrónicos que, por cierto, no han pasado de moda, por el contrario, están tomando un segundo aire.

Con la irrupción y propagación del Internet todo lo demás parece estar quedando en la prehistoria y nadie duda que, más pronto que tarde, todo lo informativo que huela a papel desaparecerá, para bien y redención de los ambientalistas.

Pero insistimos, todo lo que hemos tenido y todo lo que vendrá no dejará de ser simple instrumentación,múltiplesherramientas del hombre para seguir creciendo, para seguir progresando.

Pensando en términos periodísticos lo que realmente nos debe interesar –hoy, mañana y siempre- son los contenidos, esa materia prima que le da sustancia al alma, que alimenta la inteligencia del ser humano.

Sin buenos contenidos lo demás no vale la pena; de acuerdo con los expertos, algunas de las redes sociales más conocidas como Facebook, Twitter o Youtube, por citar algunas, han tenido que delimitar y reforzar no solo sus plataformas, sino sus propios contenidos.

La gente que hace vida social en Facebook, por ejemplo, por un momento se cansó de todo lo que se subía a este espacio digital, detectó poca interactividad y emoción y terminó optando por la Red del pajarito.

Facebook tuvo que rediseñar su plataforma, renovar e innovar para no quedar atrás de la elevada competencia; no obstante, el intelectualismo, los empresarios y la clase media comenzaron a hacer uso del Twitter con excelentes resultados.

Aquí la pregunta que tendríamos que hacernos quienes vivimos de la comunicación, de la información, es qué es lo que más le importa al público cautivo, más allá de la edad que tenga.

La respuesta es simple: contenidos; la gente sigue buscando buenos contenidos, información de calidad, sin importar que sea para entretener, divertir o difundir pensamiento.

La gente de nuestro siglo es cada día más “exquisita”, más exigente, más culta y preparada, por lo que le está dando una patada en el trasero a todos aquellos programas que no le aportan nada bueno.

Por eso no se entiende que las grandes televisoras sigan manteniendo en su programación contenido superfluo, amarillista, dañino, insultante para sus televidentes.

En los círculos universitarios, afortunadamente, los estudiantes detestan programas “chafa” que solo proveen escándalos e infamias y no aportan elementos de cultivo para su salud mental.

Las amas de casa, es cierto, no dejan ni dejarán de ver sus acostumbradas telenovelas, pero eso no significa que dejen de exclamar su lamento y dura crítica cuando aparece en sus pantallas escenas llenas de violencia, de maltrato o de ofensas para la mujer o contra los menores de edad.

Todo eso relacionado con la programación televisiva; sin embargo, cuando hablamos de periodismo puro, de programas informativos, también las cosas van cambiando de tono y de color.

Los noticiarios “oficialistas”, esos que no se cansan de promover a las figuras públicas (diputados, senadores, gobernadores, presidente) con todo el descaro, cada vez pierden más raiting.

A la gente ya le harta, le fastidia estar viendo o escuchando noticias aplaudidoras, lisonjeras, ceremoniosas; ya no se traga tan fácilmente el cuento de que los políticos son los súper poderosos que nos sacarán de los problemas.

Ver, por ejemplo, todos los díasen el Canal de las Estrellas a Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, asumiendo una pose de niño bueno, de bien portado, de entregado a las causas más justas y nobles, pues simplemente es penoso.

Lo único que se nos viene a la mente es que está malgastando carretadas de dinero en la propagación de su imagen, eso, por supuesto, con dinero que pertenece única y exclusivamente a los ciudadanos.

La gente de hoy exige contenidos inteligentes, críticos, no neutrales pero sí equilibrados, subjetivos pero de calidad; ya no tolera a esos francotiradores mal llamados “periodistas” que sólo usan sus espacios mediáticos para ponerse de espaldas y servir de alfombra.

El contenido del periodismo que viene lo delimitarán las nuevas generacionesy mientras mejor preparados estén nuestros niños y jóvenes mejor información y programación habrá en este país.

El periodismo “chafa”, sin lugar a dudas, tiene sus días contados.