Plegarias políticas

¿Por qué no les creemos?

La incredulidad forma parte de nuestra vida cotidiana; a los mexicanos nos han engañado tanto que a veces nos debatimos entre el creer o no creer, entre el hacer o no hacer, tratando de salvar lo que da sustento a nuestro destino.

Ante la mínima sospecha de engaño, venga de quien venga, lo primero que hacemos es acorazarnos para no ser dañados; la mentira nos aturde, nos altera, dispara nuestros índices de desconfianza y hace que nos alejemos de las cosas y de la gente.

¿En manos de quién podemos poner nuestra esperanza, si por aquí nos regalan espejos y por allá nos arrebatan el oro? Es la historia de nunca acabar; la mentira se ha hecho tan común en este país que nos aplasta de manera sistematizada.

En el terreno de lo político, la veracidad ha pasado a formar parte de un simple juego de palabras que nada aportan a la construcción de la democracia; la demagogia impera y corrompe lo más cristalino.

Por eso, ante el anuncio de la captura de Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera, líder del Cártel de Sinaloa, lo primero que escuchamos de la gente fue un rotundo ¡No les creo!

La polémica tomó más fuerza cuando comenzaron a correr las versiones de que el personaje detenido es un simple ciudadano de a pie (juego de espejos y de arreglos), que por azares del destino tiene un parecido con el capo de capos.

En las redes sociales los ciudadanos comenzaron a recordar el caso de Mario Aburto y sus "gemelos", involucrados hasta el cuello en el crimen contra Luis Donaldo Colosio.

Abundan las razones para tener suspicacia de nuestras autoridades: "Saving México" es una de ellas. Nos recuerdan aquella advertencia de José López Portillo, quien con lágrimas en los ojos gritaba: "No nos volverán a saquear". Y nos saquearon.

Lo de la captura del máximo exponente del crimen organizado forma parte de una estupenda obra teatral, de una brillante parafernalia que en nada abona al crecimiento de los mexicanos.

¿Por qué? Porque al que hoy capturan mañana lo dejan libre; porque el que "parece ser" terminan no siendo; porque aunque caiga uno los 20 restantes prevalecen y trabajan a sus anchas en el país.

El gran problema de México y de muchos de sus hijos es que seguimos viviendo en la mentira; para no resultar lastimados hacemos como que la verdad es nuestra inseparable compañera.

Como diría Juan de Dios Peza: "El carnaval del mundo engaña tanto,que las vidas son breves mascaradas".La detención de Guzmán Loera no es más que el "pan y circo" de los romanos.

Es otra de las grandes mentiras del "Sistema", enredado hasta las cachas con el crimen organizado para dar "vida" a esta nación al servicio de unos cuantos poderosos.

Mientras la estructura superior del país no cambie ni se transforme radicalmente, México seguirá generando historias de "chupacabras", de policías y bandidos que seguirán encantando a los más bobos. Por eso no creemos a quien debemos creerle.