Plegarias políticas

La comunicación política

Para ser un excelente comunicador político hay dos condicionantes primordiales: Ser y Entender; el planteamiento parece simple, pero en los hechos podría convertirse en lo más complicado sobre la tierra.

Para comunicar, informar y orientar (incluso entretener) hay que Ser todo un profesional de la comunicación, con el fin de evitar caer en las desafortunadas e insultantes improvisaciones.

El caso de Laura Bozzo, por ejemplo, es lo más patético que se haya visto en Latinoamérica, pues sin Ser ha querido posicionarse como comunicadora, dando traspiés por todas partes.

La abogada (¿?) de profesión, en varios de sus programas, intenta articular palabras que caen en el terreno de la ofensa, la injuria, el agravio, el ultraje, el escarnio, la humillación, el perjuicio y el maltrato, ofendiendo con sus mal estructuradas oraciones a todo el que se le ponga enfrente.

No tiene caso hablar de sus recientes humillaciones al pueblo de México que con toda inocencia le ha abierto las puertas; tampoco tiene caso hablar de los pestilentes contenidos que algunos medios de comunicación han incluido en su programación como forma de hacer dinero.

Allá esas empresas y sus circunstancias; mal por los mexicanos que nos dejamos engatusar por falsos comunicadores que lo único que generan es información oprobiosa para las familias. Esa señora es todo, menos comunicadora.

En este hilado de ideas podríamos decir que no basta Ser comunicador para comunicar. El asunto va más a fondo. Los tiempos exigen Entender y visualizar el campo de acción para lograr tino y acierto, para ser profesionales.

Comunicadores sobran en este país; no obstante, personas que razonen, decodifiquen, estructuren ideas, pensamientos y escenarios, escasean por estos lares.

Para Entender la comunicación política es indispensable, vital, necesario, haber tenido contacto alguno con los grupos de poder y de presión; saber lo que piensan y sienten esas pequeñas burbujas que todos los días conducen y lideran o por el contrario, manipulan y enajenan a la sociedad.

Como dirían los viejos, hay que saber de qué lado masca la iguana para comprenderla; los comunicadores políticos deben distinguir entre un león y una oveja de poder.

En ese mundo y para tomar excelentes decisiones, es indispensable conocer los protocolos de comunicación que establecen entre sí los agentes de poder, de lo contrario habrá malos pasos que conducirán al fracaso y la opacidad.

Los comunicadores políticos se cocinan a fuego lento y aprenden triunfo tras triunfo y tropiezo tras tropiezo. No hay de otra. No se hacen en las aulas (si es que las pisaron), aunque éstas sean su punto de origen.

Quien no tenga los conocimientos suficientes dados por la experiencia, aunados al “oficio”, la vocación, el talante de la comunicación política, difícilmente podrá generar estructuras de poder apropiadas o impulsar liderazgos originales.

En México, es cierto, hemos tenido abogados, ingenieros, psicólogos, antropólogos, arqueólogos y hasta exseminaristas que han ocupado carteras o puestos de suma relevancia en las áreas de la comunicación social.

Algunos –solo algunos- lo han hecho bien, pero el resto ha sentado un mal precedente para la comunicación política y/o social; no vayamos tan lejos, tan sólo miremos lo que algunos “comunicadores” actuales están haciendo en las estructuras de poder municipal, estatal y federal. Dan risa.

Al ingenioso y ocurrente político que propuso a Laura Bozzo como “agente distractor”, ante las desgracias naturales que se han suscitado en el país, habría que darle la medalla a la estupidez.

Este país ya no se puede dar el lujo de generar más comunicación fallida y menos si se le relaciona con las políticas públicas; esta disciplina es demasiado seria y frágil como para ponerla en manos de inexpertos.

Los comunicadores políticos, hoy, están llamados a diseñar nuevos protocolos que propicien estructuras gubernamentales más sólidas, profesionales y comprometidas con la gente.

Diseñar nuevos gobiernos desde las áreas de la comunicación social y/o política no es asunto de laboratorios experimentales; los gobernantes en turno deben tener a su lado a comunicadores no sólo que “compren” medios, sino que tiendan auténticos puentes y construyan sociedades. De no hacerlo estarán condenados al fracaso.