Plegarias políticas

México: otro año perdido

Los gobernantes se miden por la dimensión de sus obras, por el impacto benéfico que tiene en la gente que conduceny lideran; los más respetados son aquellos que han arriesgado todo (hasta sus pequeños reinos) por la gente que tienen bajo su protección.
Por el contrario, los más odiados son aquellos que más daño le han hecho a sus gobernados, a los ciudadanos; los más aborrecidos y maldecidos son aquellos que han sumergido en la miseria a quienes “dicen” proteger o custodiar, a quienes mantienen en el olvido.
Nicolás Maquiavelo, en sus obras y discursos, hablaba de los príncipes que eran amados o temidos. Nada más. Para él no existía más que dos dimensiones: el amor o el temor, la zorra o el león.
En los viejos tiempos los gobernantes se caracterizaban por su dureza o su nobleza, por su inteligencia o idiotez, por su embelesamiento hacia lo material o su proyección hacia lo espiritual. Así se construían los reinos y los gobiernos.
Pero los tiempos han cambiado y en el mundo ya se puede ver de todo, incluyendo bastante mediocridad; ahora a los gobernantes les gusta verse pusilánimes, tristes, inexpertos, poco asesorados, inertes, miedosos y cobardes, sin importar lo que exprese la gente de ellos.
Ese es el sello de la casa de quienes ahora gobiernan: la mediocridad mezclada con miedo; aparte de rateros, ladrones, ambiciosos y trapecistas, a los políticos contemporáneos los caracteriza la pequeñez y la vulgaridad. Y estoy hablando de México.
En este país, sexenio tras sexenio, hemos visto subir y bajar gobernantes de sus tronos (en los municipios, en los estados, en la Federación) sin obtener algo valioso de ellos.
Bueno, algo sí, pero nada más. Y como yo no soy conformista pues el “algo” me sabe a “nada”; lo que los mexicanos han recibido han sido puras decepciones y traiciones.
La confabulación política ha atentado contra el corazón mismo de los mexicanos, quienes esperanzados han intentado cambiar hasta de partido, sin obtener respuesta digna de sus gobernantes.
Hoy podemos ver a un Vicente Fox diciéndole a sus críticos “que se callen el hocico”; hoy podemos escuchar a un Felipe Calderón dando consejos innecesarios desde Estados Unidos y advirtiendo que “el crimen organizado se ha apoderado de las instituciones en México” (¿realmente aportó algo nuevo que no sepamos los ciudadanos?).
Más que decepcionados, los mexicanos se sintieron traicionados por los mismos a quienes impulsaron para llegar al poder y darle una vuelta a la moneda; los panistas llegaron al poderpero no supieron imprimir a sus gobiernos ese sello tan especial plasmado en sus idearios.
El gobierno de Enrique Peña Nieto, a un año de estar en la Presidencia de la República, ni nos decepciona ni nos traiciona, simplemente nos viene a corroborar lo que las viejas y nuevas generaciones ya conocemos: que el Partido Revolucionario Institucional no sirve para nada bueno.
El PRI está hecho para enriquecer a sus castas, a los “Cachorros de la Revolución, a sus mediocres grupos de presión y de poder que nada cultivan en bien de los mexicanos.
Y a las pruebas me remito: en su primer año de gobierno lo peor que le hemos visto es la ingobernabilidad. Michoacán es el mejor ejemplo. El crimen organizado ha tomado el control total del estado sin que el Gobierno Federal haya hecho algo digno de aplaudir. Aún más, lo ha solapado.
En 44 municipios de la entidad se han levantado grupos de autodefensa, muchos de ellos financiados por los cárteles de la droga, con el único fin no de frenar la violencia, sino de demostrar a quién le pertenece el mercado de los estupefacientes.
Los mega plantones de los maestros de la Coordinadora Nacionalhan convertidoen un auténtico chiquero el Centro Histórico del país y otros estados; basta con ir al Monumento a la Revolución para corroborar el miadero en que se ha convertido uno de los sitios más emblemáticos de México.
Para Peña Nieto el Pacto por Méxicoha sido un signo de debilidad en cuanto a negociación y consensos, ya que sus principales interlocutores César Camacho Quiroz, desde el PRI, y Miguel Osorio Chong, desde Gobernación, no saben cómo llegar a los líderes de la oposición.
La calificación (de 5.1 a 4.2) que el llamado “Círculo Rojo” (académicos, intelectuales, periodistas, analistas) y los ciudadanos de a pie han dado a su Gabinete refleja lo mal que está conduciendo al país.
Lo poco bueno que ha hecho Peña Nieto por el país es demostrar a los ciudadanos que el “Nuevo PRI” que tanto presume junto con sus correligionarios sirve para todo, menos para ofrecer beneficios reales al país.
Todo eso terminará cuando finalice la era de mediocridad política en la que el mundo está sumergido y del cual nuestro país no escapa.