Plegarias políticas

Eduardo Rivera… lo que viene

A partir de mañana, apenas rinda su tercer y último Informe de gobierno como presidente municipal de Puebla, la vida no será nada igual para Eduardo Rivera Pérez.
Sufrirá lo mismo que sufren todos los políticos que ganaron, disfrutaron, padecieron y abandonaron el poder durante cierto tiempo: la crítica social abierta, dura, inmisericorde.
También el golpeteo político, mediático y directo, de todos los enemigos que pudo haberse hecho en el camino; esos adversarios encubiertos que "dicen" o dijeron ser sus amigos durante sus tres años de mandato.
Eso sin contar a sus auténticos enemigos políticos, ideológicos o doctrinales de siempre, incrustados en el gobierno del estado, metidos en grupos y rituales secretos, o bien, a las mafias negras metidas hasta el cuello en los asuntos más asquerosos del bajo mundo.
Aún más, "Lalo" Rivera sobrellevará el yugo de muchos de sus "amigos" a quienes no pudo complacer del todo como funcionarios públicos o integrantes de su partido, el PAN.
En lo personal, no tengo más que agradecerle -una vez más-, la oportunidad que me dio al nombrarme director de Análisis Estratégico de la Información en la Coordinación de Comunicación Social.
Esta será la última vez que escriba de Eduardo Rivera como lo que es, el alcalde de Puebla, por lo tanto, en unas cuantas líneas diré –también por última vez- lo que vi de malo en su administración, de acuerdo con mi cercana y lejana percepción.
Primer problema: quiso tomar el control de muchas áreas, meterse más de la cuenta, aún sin conocer su ámbito de acción, de conocimiento o experiencia; nadie puede dominar todo en esta vida.
Segundo problema: defendió, al extremo, a muchos de sus "amigos" que sólo le generaron problemas; muchos de esos "amigos" lo traicionaron, lo defraudaron, lo colocaron en una encrucijada, y aun así los siguió apapachando. Sordo, sordo, sordo. Como a "Brutus", le colocaron la daga en la espalda.
Tercer problema: por miedo, por temor, por no tener problemas mediáticos, cobijó al extremo a muchos de sus críticos sistémicos, a sus censores, que esperan el momento para ponerlo como tiro al blanco.
Cuarto problema: jamás empoderó a muchos de sus buenos amigos que lo rodearon, que se entregaron de manera profesional, en cuerpo y alma, a su gestión administrativa. Ganó el PAN, perdió él. Su mismo partido lo llevará entre las patas.
Quinto problema: fue un buen alcalde, pero le faltó carácter y visión para hacer algunas cosas de trascendencia, por ejemplo, entregarse a los más pobres de Puebla; quizá le hizo falta horas, no lo sé, el tiempo lo dirá.
Todo esto le servirá de aprendizaje para sus futuros cargos públicos que, estoy seguro, alcanzará con éxito. ¡Buena suerte, Eduardo, y éxito en tus futuras encomiendas! Por cierto, no temas, aunque los perrosladren con fuerza.