¿Quién le teme a Francisco?

El Papa, imprevisible como es, visitará lugares en México con altos índices de marginalidad y violencia. ¿De qué hablará? ¿A quién se dirigirá?


Conforme se acerca el 12 de febrero en que Jorge Mario Bergoglio llegará al Aeropuerto Benito Juárez, crecen las tensiones. ¿Qué dirá? ¿a quién señalará? ¿quién se sentirá aludido? La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) contribuye al desconcierto. “El Papa tiene toda la libertad de expresarse, sin embargo es difícil conocer qué dirá”. Sugiriendo que suele improvisar, como si fuera imprevisible y superficial, como restándole importancia a lo que diga y pensando “después lo interpretaré, cuando se vaya”.

Revisando lo que Francisco ha dicho en otras visitas y a lo que suele referirse en Roma, decir que no se sabe de lo que hablará es poco serio y encubre un intento velado de censura a través de un pretendido control sobre los medios, apunta a construir una “espiral del silencio”. En esta visita los discursos no serán redactados por la CEM y gente como Marcial Maciel no acompañarán al Pontífice en su viaje a México.

No hay peor sordo que el que no quiere oír

La reciente encíclica planteó los problemas ecológicos y señaló a los empresarios que anteponen su ganancia al bien común; criticó a quienes se manejan en la ilegalidad en las contrataciones laborales; a quienes cooperan a la cultura del “descarte”, dejando a los jóvenes y personas mayores sin trabajo. A los políticos corruptos y a los narcotraficantes los llama a la conversión y el arrepentimiento; a las mujeres que abortaron y se arrepienten les ofrece el perdón. Plantea revisar las no-comuniones para los divorciados; no aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero llama a la conversión y la catequesis de sus hijos, de sus padres dice que hay que respetarlos.

Sacude a los corruptos y mafiosos de la Curia Romana, enfrentó al lobby gay que intenta gobernar la Iglesia, prometió y concretó medidas contra los pederastas.

Viene a la Ciudad de México pues aquí está el Santuario de la Virgen de Guadalupe, pero ¿quiénes son los que no le interesan? ¿Qué les dirá a los obispos en la Catedral?

Irá a Ecatepec, uno de los municipios con mayor marginalidad y pobreza. ¿Por qué no fue a Toluca o Huixquilucan?

En Chiapas se encontrará con los indígenas, los centroamericanos y las familias, rezará frente a la tumba de Samuel Ruiz y dará la comunión exclusivamente a los Diáconos Permanentes casados de la Teología India, quienes irán con sus esposas. ¿Le arderán las orejas a la CEM, que exigió en Roma suspender las ordenaciones de estos?

En la conflictiva Morelia hablará con los jóvenes y los sacerdotes, religiosas (os) y seminaristas, ¿se dirigirá a estos pasando por encima de los obispos? ¿Les dará instrucciones directas como ya lo hizo? ¿Los llamará a hacerle “lío” (cuestionar y confrontar) a la Jerarquía?

Cierra la apretada visita en Ciudad Juárez, el confín de América Latina, estará con los migrantes, los presos y el mundo del trabajo, donde se sepultan miles de personas sin nombre en su búsqueda infructuosa del “sueño americano”. ¿Llamará a la misericordia con los mismos? ¿Qué señalará de las políticas migratorias?

Quienes están felices con Francisco son los religiosos (as) católicos agrupados en la Conferencia de Institutos Religiosos de México (CIRM), después del hostigamiento de Juan Pablo II y Ratzinger por fin tienen un Papa que los respalda.

Quienes dicen que no saben, sí saben, sucede que no quieren saber lo que ya saben.