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Las instituciones antiguas

Pocas son las instituciones jurídicas que aún subsisten en la posmodernidad que han sido heredadas de un mundo previo a la Edad Media, es decir, de los tiempos antiguos, que debido a los cambios de paradigma, tienden las políticas de los actuales estados, incluyendo los organismos internacionales, las denominadas ONG y las empresas transnacionales a incentivar su desaparición, sin embargo, cabría preguntarse: ¿porqué son incómodas las instituciones antiguas?

Primero, habría que considerar que esas instituciones antiguas buscaban la solidaridad entre los miembros de la comunidad que se encontraban habitando en las aldeas y pequeñas poblaciones, atendiendo una serie de temores generalizados como los despojos, las invasiones, los robos y, sobre todo, la incertidumbre del futuro que requería afrontarlo con la fuerza de toda la población, solidaridad que demandaba una serie de ideales y propósitos comunes. Hoy, esa antigua solidaridad se ha modificado por el consumismo, que para su total eficacia requiere del individualismo, esto es, la intrascendencia total con los demás.

De esta manera, los tres verbos que resumían las actividades del ser humano del Medievo: orar, arar y guerrear han sido sustituidos por dos simples verbos: producir y consumir.

Por lo anterior, las instituciones antiguas resultan incómodas en épocas globalizadas, pues si fomentan la solidaridad de las comunidades, las políticas de unos años atrás a la fecha han buscado abolirlas o por lo menos contenerlas, citaba en la década de los ochenta en Inglaterra Margaret Tatcher, -quien disminuyó las políticas públicas del estado de bienestar o social de derecho-: “No existe la así llamada sociedad… Solo hay individuos y familias”. En ese mismo país, a principios del siglo XX, en la novela futurista de Aldous Huxley, “Un mundo feliz”, citó: “El mundo es estable ahora. Las personas son felices… no están cargados de padres ni madres, no tienen esposas ni amantes que les causen emociones… prácticamente no pueden dejar de comportarse como deben”.

En resumen, pareciera que las políticas mundiales buscan acabar con las instituciones antiguas, que en gran parte han conformado el contrapeso de la actual denominada “sociedad del consumo” o bien, “la sociedad del riesgo”.

Silvino Vergara