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La importancia de las Bibliotecas en la Educación

La biblioteca de una institución educativa es una excelente referencia del compromiso que tiene hacia el cultivo del conocimiento en las diversas ramas que lo integran. No solo es un monumento erigido en homenaje a la sabiduría de generaciones anteriores, sino un espacio destinado al goce que se experimenta durante la lectura de las obras que en ella se depositan.

Desde bibliotecas clásicas, incluyendo a las antiguas y con obras incunables, hasta las que son fieles representantes de los últimos desarrollos en tecnologías informativas, la biblioteca deberá considerarse como una variable constante en todo esfuerzo educativo.

Las bibliotecas actualmente deben complementarse con entornos virtuales, sin que las sustituyan totalmente, pues como anotábamos, no solo implica la lectura de obras sino un ícono de la sapiencia y el esfuerzo humano.

El espacio que ocupa una biblioteca implica la operación de la biblioteconomía como ciencia que ordena el funcionamiento de estas y distinguirá tanto a aquellas donde el conocimiento se integra de todas las ramas habidas, hasta a aquellas de corte especializado en las que una materia predomina, en privilegio de aquellos que se instruyen.

El caso del Derecho no es la excepción. Toda universidad o escuela de Derecho que se precie de serlo, deberá contar con un acervo que respalde los conocimientos que se imparten en sus aulas. La inmediata referencia de los discentes hacia la fuente de la información que procesa el profesor, es un baluarte del proceso de enseñanza-aprendizaje. Si bien, los conocimientos de los profesores y facilitadores del saber no son solo habidos dentro de los libros, sino de su específica experiencia práctica, esta sería un espacio inerte carente de sentido y respaldo en una ciencia que la justifica. Es lo vinculado al binomio teoría y práctica, en la que ninguna puede prescindir de la otra. El mero práctico sin una biblioteca del saber es simplemente un técnico, que carece de argumentos en el momento de construir de la nada; y por su parte, un teórico, sin práctica, será depositario de saberes que no redundan en beneficio de su entorno.

La biblioteca es, en consecuencia, un espacio de vida académica donde la experiencia individual o colectiva, comunica de generación en generación, los avances y efectos evolutivos de la interacción humana con la naturaleza, desde su aparición en la faz de la tierra.

Así podemos sentenciar que nunca habrá escuela sin biblioteca, ni biblioteca sin escuela, formalmente o no, individual o colectivamente.

Gerardo Tejeda Foncerrada