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La globalización

El escenario que enfrentamos hacia inicios de este siglo, nos presenta una corriente declarada desde la primera mitad del siglo XX que cada vez más se va expandiendo en sus contenidos.

Nos referimos a la Globalización que, como fenómeno complejo e histórico, se le pueden asignar múltiples concepciones como:

Un fenómeno con historia que, como dice Aldo Ferrer, “tiene exactamente una antigüedad de cinco siglos”, al remontar su inicio a los grandes viajes de la última década del siglo XV.

El proceso que si bien está presente a lo largo del desarrollo capitalista, sólo recientemente se torna en la modalidad dominante, de manera que “el capitalismo del siglo XXI será el de la globalización”.

Un fenómeno multidimensional y de naturaleza compleja: económica, política, social y cultural.

El proceso intenso pero parcial, heterogéneo y desequilibrado, que ha avanzado rápidamente en algunos campos y en forma más lenta en otros.

Como un fenómeno que transmite la convicción de que cualquier intento de desacoplarse de él está condenado al fracaso. Existe un panorama de “escasez ideológico”, resultante de la ausencia de modelos alternativos que luzcan viables en el contexto del proceso de globalización.

Como un proceso que califica, por su importancia, a la fase actual del desarrollo del sistema capitalista, aunque para algunos supone un cambio de época.

Nuestro estado no escapa a este fenómeno mundial y es necesario conocer perfectamente nuestras Instituciones y nuestra tradición jurídica, con la finalidad de coordinar la ola exterior con nuestra soberanía y régimen democrático.

La rectoría del Desarrollo Nacional, una facultad económica y de derecho económico atribuida así al Estado Mexicano según lo dispuesto por el párrafo primero del artículo veinticinco Constitucional, otorga la competencia de decidir respecto de los medios idóneos que constituyan el Plan por el que habrá de dirigirse la Economía con el fin de conseguir los objetivos plasmados en el proyecto económico ordenado en la Constitución.

En el ejercicio de su potestad rectora, el Estado debe perseguir el fortalecimiento de su soberanía y de su régimen democrático.

Así, la toma de decisiones respecto de los modelos económicos que sean implementados por un Estado, constituye una función que merece un profundo análisis y especial atención por las consecuencias integrales que representa.

Roberto Mendoza Zárate