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La eutanasia y su legislación

De todos los procesos biológicos que constituyen la vida del hombre, sólo hay uno común a todos sin excepción la muerte.

El hombre en todos los tiempos ha visto a la muerte siempre con temor, inspirado tal vez por ideas religiosas, por el dolor de abandonar a los seres queridos, o por el dolor de padecer una agonía, esto no es algo que deba avergonzar, es humano el temor a morir.

En el caso de que una persona esté desahuciada y sufra de los dolores más intensos que provoca la llegada de la muerte, cuando todos los recursos médicos se han agotado y han sido vencidas las resistencias del enfermo, surgen distintas interrogantes que pueden inquietar nuestra conciencia, ¿Qué hacer?, ¿Qué conducta adoptar?, ¿Luchar hasta el último momento?, ¿O evitar su sufrimiento? "Frente a la muerte uno está siempre solo" dicen Schwartzenberg y Ponte, y agregan "Frente a la muerte de un enfermo son dos los que están solos y es preciso decidir".

Es un problema complejo, ya que gracias a los avances de la medicina moderna, es posible mantener con vida a una persona desahuciada por años; sin embargo en nada beneficia a un hombre que ya ha muerto como persona. ¿Se trata entonces de prolongar la vida, o lo que realmente se está tratando es de prolongar su muerte en agonía?

El significado etimológico de la palabra eutanasia es la "muerte buena", la obligación moral de ayudar a bien morir a aquel que clama una liberación a su angustia y su dolor. ¿Quién tendrá la razón?, ¿Qué sucedería si alguna vez nos encontráramos ante tal situación?

La decisión es subjetiva, corresponde a cada individuo decidir la mejor de la probables y las personas que se deciden por una solución como aliviar el dolor de una persona provocándole la muerte para mitigar su sufrimiento, no deberían ser consideradas como criminales toda vez que su conducta no es antisocial, sino piadosa.

La emoción más fantástica no es matar sino dejar vivir, y en la eutanasia, efectivamente se priva de la vida a otro ser humano, atenta en contra de uno de los valores más preciados por la sociedad que es la vida; sin embargo en la eutanasia el que participa en su ejecución, actúa con el propósito de aliviar un sufrimiento, por lo tanto su conducta no debe ser castigada.

Independientemente si estemos o no de acuerdo con ella, resulta indispensable analizarla y regularla jurídicamente, con el fin de evitar que un homicidio simple o calificado que una persona realiza, se asemeje con la muerte provocada por todas aquellas personas que invadidas por un sentimiento de amor y de piedad, ayudan a bien morir a una persona que sufre la pena de vivir una agonía.

GERARDO MARTÍNEZ RAMÍREZ