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La despenalización de las drogas

La posibilidad de iniciar un debate para legalizar la mariguana y quizá otras sustancias ha despertado opiniones encontradas en un sentido u otro. Antes de emitir una postura o hacer un juicio de las ya expresadas, considero que hay que ver el problema desde una postura global e histórica, es decir, no pensar que el conflicto de las drogas en nuestro país inició cuando fue declarada el sexenio pasado la llamada "Guerra contra el Narco".

La utilización de esas sustancias es antiquísima, el origen se remonta miles de años atrás, lo cual está documentado de forma certera en muchos documentos. Siempre ha existido una parte de la población que se estimula a través del consumo que proporciona una sensación que, para tal o cual persona, puede resultar positivo.

Al menos para Occidente, la perspectiva nociva de esos elementos partió de la Guerra del Opio, donde los británicos y chinos se confrontaron porque los asiáticos se opusieron al tráfico del producto obtenido de la adormidera. Suena paradójico que un gobierno impulsara esta actividad, sin embargo, las ganancias eran enormes y dio como resultado una victoria para los europeos y la posesión de Hong Kong.

Partiendo de eso analizaré el tema desde el punto de vista subjetivo, es cierto que cada quien tiene derecho a realizar lo que quiera mientras no afecte derechos de terceros, ésa es una premisa básica de lo que es el respeto al libre albedrío y el orden jurídico.

También parto de lo que alguna vez mencionó el filósofo francés Guilles Deleuze, quien sintetizó toda la problemática diciendo que si el consumo de una droga dura o el alcohol no afectaba la capacidad para ser productivo no habría problema, yo le añadiría el calificativo de respetuoso. Es más se puede tomar como una especie de sacrificio, ya que evidentemente habrá un menoscabo en la salud pero éste se realiza debido a una convicción o la obtención de un placer, esto no es muy diferente al ayuno católico, donde un feligrés ofrece no comer en las primeras horas del día -situación que también afecta la salud- para obtener lo que él considera un beneficio espiritual.

Ahora bien, vayamos al costo social y la situación particular de México y empezaré con un ejemplo: actualmente se llama a la población a ejercitarse y reducir la obesidad, situación originada para cuidar la salud de la población por un elemental sentido humano, y desde luego, para evitar problemas públicos que a la postre causarían un gran gasto en materia de seguridad social.

De igual modo una rehabilitación implica aproximadamente de 200 a 300 mil pesos por persona, cantidad que si se multiplica por los millones de ciudadanos que pueden resultar adictos, nos encontraremos con una suma estratosférica que evidentemente no podrán solventar las siempre limitadas finanzas públicas.

Es cierto que en Holanda y otros países el consumo de la cannabis es legal, pero hay que comparar los niveles distintos de educación y responsabilidad de los habitantes de allá respecto a los de acá y nos daremos cuenta que existen profundas diferencias.

Pienso también en los millones de "ninis", cuyo ocio los puede llevar a la drogadicción, el alcoholismo, y los embarazos no deseados, estos jóvenes tienen el alto riesgo de introducirse en el mundo de los "churros" y las alucinaciones.

Decía el escritor alemán Göthe que la vida y la libertad sólo las merece quien a diario las conquista, y precisamente esa facultad humana surgida del libre albedrío no debe ser asumida como algo terminado y permanente, sino como una cualidad que debe ir ejercitándose y perfeccionándose todos los días. Así como un delincuente no merece estar paseando, de igual modo habría que preguntarse si una persona inmadura e irresponsable tiene la prerrogativa de consumir cannabis u otra droga. Hay quien puede afirmar que sí porque esa persona tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, pero pensemos si tiene cónyuge, hijos, o si afecta a los familiares, y posteriormente debe ir a una institución de salud a pedir que le salven la vida o le curen su enfermedad, situación que implica mucho dinero que todos pagamos a través de los impuestos y que podría ser mejor aprovechado en obras públicas, y no sólo para solapar una adicción que implícitamente es permitida, y hasta fomentada, por su legalidad.

Personalmente creo que la mayoría de los mexicanos no son capaces de consumir las drogas duras de forma que no haya afectaciones sociales, además hay temas más importantes que atender.

Es cierto que el combate al narcotráfico ha causado miles de muertos, pero no debemos buscar soluciones desesperadas que podrán tapar un hoyo y destapar dos. Como conclusión considero que legalizar las drogas sería un intento de solución que acarrearía muchos problemas sociales, incrementaría la delincuencia, y daría las condiciones para que de la noche a la mañana surgieran millones de adictos fuera de control, y que desde luego afectarían la salud pública y la estabilidad del Estado Mexicano.

Leopoldo Avendaño