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Los abogados y los terapeutas

El mundo jurídico y el mundo psicológico no parecen haber tenido buenas relaciones a lo largo de su historia, uno ocupado de las leyes, los juicos, las demandas y los testigos, el otro, ocupándose del funcionamiento de las personas, de su estabilidad, de las razones y las formas de relacionarse y de los tratamientos que mejoraran su vida. Derecho-masculino, Psicología-femenino.

El derecho supone un tipo específico de carácter, un hombre un tanto adusto, con una presencia solemne, (imagen paterna) con una inteligencia sutil, fina, una sensibilidad muy específica y de lectura rápida en la que se transporta el hecho al concepto, justamente al juicio, a la opinión. Un abogado tiene una morfología intelectual muy particular, requiere de audacia, de astucia, de mucho sentido de la irreverencia que al instante consigue hacer legal, válida, agradable incluso.

El terapeuta por su parte es empático y suele utilizar mecanismos desde los que su cliente se sienta bien, escuchado, aceptado (imagen maternal). Su materia prima es la sensibilidad y el contacto personal, las emociones y los sentimientos. Su discurso humanista se encamina hacia el reconocimiento del otro y su conciencia de la responsabilidad: el reconocimiento es su mayor fuente de crecimiento. Nunca te dice lo que tienes que hacer, no te ordena ni te obliga, te da las opciones para que tú elijas la que más te conviene.

Si ambas partes se rechazan, si se ignoran, si se mantienen tan alejadas la una de la otra, la sociedad no puede funcionar como necesita funcionar. El Yo es la ventana a la realidad, quizá sea la sociedad misma interactuando con todos sus problemas, sus tensiones y su felicidad, el orgullo de saberse viva y con muchas cosas que hacer. Cómo es México frente al extranjero, es un todo complejo compuesto por su gente, sus leyes, sus tradiciones y costumbres, pero también su descarada corrupción. Piénsalo, ¿necesitamos más reglas o más amor maternal, necesitamos que nos conozcan, que nos comprendan o que nos reprendan y nos castiguen? Lo que no podemos es seguir viviendo engañándonos a nosotros mismos pensando que somos maravillosos cuando las demás partes de la sociedad no están bien, no tienen lo que les hace falta, no pueden lo que les hace falta poder. El terapeuta necesita entender el mundo de la legalidad, de la ley, de las formas. El abogado necesita entenderse como persona, como hombre, como mujer, con historia y necesidades afectivas. Uno se ocupa del ser y el otro del deber ser. Que se tomen un cafecito los abogados y los terapeutas, sería bueno.

Abelardo Fernández Fuentes