ELDP

La Independencia de México y el Derecho

La independencia de México fue adicionalmente a sus otras consecuencias, sociales, políticas y económicas, una oportunidad de cambio jurídico, pensemos simplemente en la abrogación de la esclavitud o bien, de los títulos nobiliarios, sin embargo, es muy interesante retomar las lecciones del tratadista italiano Luigi Ferrajoli: “Una dura lección de la historia que nos ha enseñado que las razones principales de todos los fracasos de las grandes esperanzas de las revoluciones ha sido el total desprecio del derecho y los derechos y la ingenua confianza en un poder “bueno” sólo por haber sido conquistado y ejercido en nombre de los oprimidos.”

Así, ante el impulso de la victoria de los agobiados, -léase mestizos, indígenas, criollos, esclavos, etc.-, no representó que a las leyes y a las regulaciones que limitan las funciones y atribuciones del poder se les pusiera tanta importancia para su implementación, por el contrario, representó la creación del primer imperio del México independiente, -Agustín de Iturbide: Agustín I-, con ello, la misma arbitrariedad y discrecionalidad de las autoridades del que se provenía con la Nueva España se mantenía aún vigente. Esta lección, es en el sentido que, en tanto no se le tome la importancia que requiere el derecho en los cambios sociales, los cambios no se presentarán, serán efímeros, y en el peor de los casos se incrementarán los problemas sociales y económicos, pues muchas de las ocasiones sucede que los otrora oprimidos, sin estos cambios jurídicos que limiten su poder, serán los opresores.

A doscientos años de estos fenómenos, y en el clima de los cambios constitucionales y jurídicos en que vivimos, pareciera que no entendemos la lección, es evidente que estas modificaciones a las leyes y a la propia Constitución que hoy se presentan, evidencian exactamente lo mismo, es decir, se permiten cambios que no están regulando ni limitando las funciones de las autoridades.

Debemos entender que para que un país avance en el cumplimiento de la ley, es el Estado  y no el gobernado el que debe de poner el ejemplo, y este paso es precisamente la creación de leyes que delimiten sus atribuciones, que combatan la corrupción e impulsen la actividad propia de los nacionales, pues el inminente expendio en las concesiones energéticas con la reforma constitucional, desde luego que, no es una oportunidad para los mexicanos de a pie.

Silvino Vergara Nava