Articulista Invitado

Qué pasa con los partidos

Los partidos  son el eje central de la sociedad y el Estado; el medio de canalización y expresión de las diferentes ideologías.

Los partidos muestran un rostro endurecido a los ciudadanos; y éstos están hasta la madre de los partidos. Y si se echa una mirada a la historia se podrá apreciar que los entes llamados humanos que con la Ilustración reciben el nombre de ciudadanos, en realidad sólo dejaron de ser súbditos del rey parar pasar a ser súbditos de los partidos.

¿Qué pasa con los partidos? ¿Qué pasa con los ciudadanos? Los líderes de los partidos (o sus dueños) no se han dado cuenta que los ciudadanos los repudian, los perciben como verdaderos tiranos, principalmente porque sin preocuparles la rendición de cuentas despilfarran recursos públicos, imponen una disciplina ciega a sus militantes, igual que en cualquier religión.

En efecto, a los líderes partidistas y sus adláteres en las asambleas legislativas no les importa la pobreza extrema en que viven más de 13 millones de mexicanos, ya que el costo de las elecciones se incrementa cada vez más. En los últimos 18 años, las elecciones federales intermedias se incrementaron en un 270 por ciento. En 1997 costaron 5 mil 39 millones 300 mil pesos. Y ahora las elecciones de 2015 costarán 18 mil 572 millones 411 mil pesos. En Nuevo León, la financiación pública de las elecciones de 2015 asciende a más de 257 millones de pesos.

Más dinero a los partidos no significa tener una democracia de calidad, fundada en leyes que estimulen la confianza. Pues en México, como en los mejores tiempos del desaparecido Partido Comunista de la Unión Soviética, los partidos, en vez de impulsar políticas jurídicas que estimulen los valores de la democracia (sin lo cual es imposible que se genere confianza) crean leyes que generan desconfianza, que hacen ver a los hombres como independientes entre sí; leyes que estimulan la sumisión, el canibalismo político.

En una situación así es imposible que en la vida interna de los partidos haya formas de consenso para elegir los mejores hombres y mujeres; el gobernador en su partido dice quiénes son los candidatos de su partido. También en una situación así es imposible que las elecciones giren sobre propuestas viables, a través de un diálogo racional entre los candidatos de los diferentes partidos.

¿Habría entonces que desaparecer los partidos? ¿Es verdad, como lo sostienen algunos, que para nada se necesitan? Nada de esto es posible, pues sin partidos no sólo la posibilidad de la democracia representativa se cancelaría, sino también se iniciaría un viaje al pasado.

En teoría (y el concepto teoría no se refiere a lo etéreo e irrealizable, como se suele creer), los partidos son el eje central de la sociedad y el Estado; el medio de canalización y expresión de las diferentes ideologías, concepciones del mundo, expectativas de vida social y económica, etcétera. Su función es promover la participación ciudadana en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política.

Pero nada de esto hacen los partidos, al contrario, tienen secuestrada la política y se constituyen en obstáculo de lo que deben hacer. No obstante, la solución no es desaparecerlos, sino fortalecer el sistema de partidos. Pero para que los partidos se pongan las pilas sería bueno que en las elecciones de 2015, los ciudadanos les dieran una buena lección, haciendo ganar a los candidatos independientes.