Articulista Invitado

Qué ganamos los que ganamos el 7 de junio

En el comienzo del sexenio de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, merece la pena reflexionar sobre qué fue lo que ganamos. Aunque hay quienes después de haber sufragado por El Bronco, desde antes que éste tomara posesión sostienen que no ganamos nada, que todo fue un espejismo; creo que sí ganamos mucho: ganamos experiencia y esperanza de que cambie la manera corrupta de hacer política.

La esperanza en el nuevo gobernador puede alzar el vuelo y dejarnos vacíos, ojalá no; pero el aprendizaje vivencial que ganamos los ciudadanos en este proceso, ya nadie nos lo podrá quitar.

La tesis pesimista de que no ganamos nada, que otra vez nos tomaron el pelo, se sostiene principalmente por líderes de las izquierdas. Tomó fuerza cuando el entonces gobernador electo declaró que su plan de gobierno se integraría con las propuestas de la iniciativa privada.

Posteriormente, el 16 de septiembre, aclara al grupo Milenio que no gobernará la iniciativa privada sino El Bronco, que no hizo ningún compromiso con ningún empresario; pero la desconfianza de algunos líderes sociales que apoyaron la alianza Elizondo-Bronco ya no se pudo recuperar.

Recientemente estuve en la presentación de una revista: 15-diario, en la que predominaron las visiones pesimistas. Hubo coincidencias en que ahora se entiende el sentido correcto de la frase "la raza paga, la raza manda", "si los empresarios pagaron la campaña de Rodríguez Calderón -se dijo-, son ellos los que ahora mandarán".

La posición optimista que ahí también se sostuvo, que encuentra mucho más adeptos más allá de los cenáculos de activistas sociales de todas las tendencias, es que no hay razón en quienes se sienten decepcionados por no haber sido tomados en cuenta para delinear el programa de gobierno de Rodríguez Calderón, pues no hay articulación en las ONG, ni al parecer deseos de coincidir y, por tanto, tampoco puede haber capacidad para influir en la estructura del
Estado.

Parece poco, pero ha sido mucho lo que ganamos. Aprendimos algo que ya sabíamos, que es herencia de la época de la Colonia; pero se nos había olvidado: El "obedézcase pero no se cumpla". Al poder no se le dice que no, pero en el momento de tomar la decisión de por quién votar, si no tenemos un gatillo que nos apunte, ¿por qué obedecer una orden contra nosotros mismos?

¿Por qué renunciar al deseo de poder ciudadano para cederlo a los bandidos, que es lo que aparece por todos lados en la publicidad subliminal, si constitucionalmente dicho poder es el que se constituye en pueblo, y "el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno"?

Fuente Ovejuna estuvo presente el pasado 7 de junio. Esta lección también ya la sabíamos. Y el pueblo se levanto, se reveló contra la corrupción, injusticias y abusos de poder de los Medina.

En síntesis, aprendimos lo que el poder ciudadano es capaz de hacer por la cosa pública cuando hay voluntad de sumar voluntades. Todos aprendimos algo en las pasadas elecciones, incluso los priistas ahora ya saben que la regla "el que se mueve no sale en la foto, es algo que se pudo
cambiar.

El Bronco demostró que el que no se mueve no tiene posibilidad de salir; pudo demostrar que tiene capacidad de negociación, pues para poder llegar a ser gobernador en vez de obedecer órdenes, tuvo capacidad de diálogo para consensar acuerdos con grupos de intereses diversos e ideologías encontradas. El buen gobierno exige buenas personas en el gobierno y también buenos ciudadanos: respetuosos de la ley, honestos, participativos, solidarios y tolerantes en la busca de la verdad. 


efren23@hotmail.com