Articulista Invitado

La SCJN, en la vorágine de la desconfianza

México vive una crisis de confianza en las instituciones, es lo que muestra el estudio Mitofsky de 2014, entre otros, en el que las más altas calificaciones en una escala del 1 al 100 son para la Marina y el Ejército: con 8.3 y 8, respectivamente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) obtuvo un 6.3. Pero ahora, con el escándalo originado por el nombramiento de Eduardo Medina-Mora Icaza como ministro, ostensiblemente la credibilidad en la SCJN sigue a la baja.

He ahí una de las razones de por qué vivimos en una sociedad neurotizada; y vivir en la vorágine de la incredibilidad y desconfianza es vivir en un infierno.

¿Qué pasa cuando la esposa no cree en la honorabilidad del esposo, o viceversa? Una de dos: o se rompe el vínculo matrimonial o se conserva la familia. Pero si ésta se conserva es de manera disfuncional y decadente, sin posibilidad de crecer.

Lo mismo sucede en una nación cuando la gente no cree en las instituciones. Desaparece o se conserva, pero si se conserva será sin posibilidades de crecer.

Ahora bien, no obstante la crisis de credibilidad en las instituciones que agobia a los mexicanos, al parecer esto no importó ni a Peña Nieto ni a la mayoría del Senado que, en contra de claros y muy subidos argumentos de la opinión pública, decidieron designar como nuevo ministro de la SCJN a Medina-Mora. Medina Mora es un político, no es un jurista, en el estricto sentido del término, ya que carece de trayectoria académica. Su perfil es más bien de policía: fue director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), secretario de Seguridad Pública y procurador General de la República.

Es cierto que él no es el primer político convertido en ministro de la SCJN. Pero también es cierto que en esta ocasión, por primera vez, se escuchó por todos lados un rotundo “no” a este tipo de prácticas perversas que sólo obedecen a intereses de personeros de la política. Un indignado NO, que no se escuchó en Los Pinos ni en el Senado.

Conviene pensar en invertir esfuerzos suficientes para que en México haya credibilidad en las instituciones. Principalmente en la SCJN, institución que debería estar al margen de cualquier sospecha.

La base de la credibilidad es la honestidad y el profesionalismo.

Así que tendrá que pensarse en que la SCJN se integre con perfiles como el del ministro José Ramón Cossío Díaz, reconocido en la comunidad jurídica internacional por sus aportaciones (en más de 20 libros) a la teoría jurídica contemporánea; honesto, demócrata, trásfuga del dogmatismo jurídico, conocedor de los cambios que ha sufrido el derecho con la globalización y la hipermodernidad.

Aunque las comparaciones sean odiosas, hay que decir que entre el perfil de Medina-Mora y el perfil de Cossío Díaz hay una distancia enorme. En el primero resaltan los abusos de poder (de lo que siempre salió bien librado) y su practicismo político.

En cambio, Cossío Díaz es un destacado constitucionalista doctorado en la Complutense. Llegó a la SCJN por su fama de un brillante jurista innovador, ¡sin violar la Constitución!

En cambio, para que Medina-Mora llegara a la SCJN se tuvo que violar la fracción V del artículo 95 de la Constitución, que exige haber residido en el país durante los últimos dos años.

Eran tiempos en que el gobierno panista de Fox necesitaba perfiles como el de Cossío, para aparentar que en México ya había cambiado la manera de hacer política. Ahora los tiempos son otros, ya no se necesita de cierto tipo de simulaciones.

Nuevamente se necesita de políticos en la SCJN. Y por desgracia no se advierte, para poder dar un paso hacia adelante, que uno de los problemas más graves por resolver es el de generar confianza en las instituciones.