Articulista invitado

Rafael Tovar y de Teresa y la política cultural en México

Su trabajo podrá juzgarse de muchas maneras, pero impuso un sello personal a la construcción del Conaculta, que no se explica porque haya sido un individuo próximo al poder, sino básicamente porque fue un hombre de cultura.

A diferencia de los países anglosajones donde el modelo institucional de cultura supone una actuación discreta del sector público, sea a través del mecenazgo fiscal, como en Estados Unidos, o de la creación de amplios fondos públicos, como los Arts Council de Inglaterra o Escocia, nuestro modelo ha consistido en la asunción por parte del Estado de la responsabilidad de atender diversas necesidades culturales mediante la creación de organismos especializados.

En México, como en muchos otros países de Europa continental y América Latina, el Estado provee bienes y servicios culturales —además de recursos financieros nada equiparables a los fondos británicos— a través de entes públicos a los que se les han encomendado determinadas tareas o actividades culturales. En otras palabras, nuestro modelo de institucionalidad cultural es un modelo de organización de instituciones culturales.

Es por esto que los grandes héroes culturales de nuestro país no son solo gente pensante, intelectuales que orientaron la reflexión o que generaron un discurso sobre la cultura o el destino de la nación, sino también fundadores de instituciones, de organismos que atienden una necesidad social y que al consolidarse con el tiempo superaron el enfoque personal de quien les dio origen. Vasconcelos o Torres Bodet son dos pensadores, ambos escritores y funcionarios culturales, pero no fueron solo eso, crearon instituciones de enorme importancia como la Secretaría de Educación Pública, los Talleres Gráficos de la Nación, bibliotecas o proyectos editoriales, en el caso del primero, y el libro de texto gratuito, el Museo Nacional de Antropología y el de Arte Moderno, o el Centro Cultural del Bosque, en el caso del segundo.

Menos espectacular fue la labor de algunos otros intelectuales, pero no por ello su trabajo carece de relieve: Guillermo Bonfil fue el fundador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, del Museo Nacional de Culturales Populares y del importante Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc).

La creación de instituciones implica la construcción de una agenda, el reconocimiento de un problema y la discusión de la manera como éste puede ser atendido. Es la forma como el Estado atiende las tareas que le ha asignado la sociedad. En la historia de la institucionalidad cultural en México se dio un cambio importante en 1988 con la creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), organismo coordinador de muchos entes, algunos con trayectoria de décadas, cuyo fin era dar coherencia a la acción cultural del Estado hasta entonces dispersa.

Rafael Tovar y de Teresa formó parte del equipo inicial de Víctor Flores Olea, primer presidente del Conaculta y, tras su salida, con menos de 40 años a cuestas, se hizo cargo del Consejo durante una década que fue decisiva para la consolidación del proyecto. La prensa en estos días ha destacado su papel como creador de instituciones; conviene precisar que buena parte de su esfuerzo consistió en tratar de satisfacer el objetivo original del Conaculta, planteado en la exposición de motivos de su decreto de creación: "Diálogo intenso con la comunidad artística e intelectual y con la sociedad en su conjunto; estimular la creación artística y cultural, garantizando la plena libertad de los creadores; alentar las expresiones culturales de las distintas regiones y grupos sociales del país, así como promover la más amplia difusión de los bienes artísticos y culturales entre los diversos sectores de la población mexicana; satisfacer las diversas demandas que en este ámbito plantea la comunidad".

La visión de un individuo siempre está sujeta a los condicionamientos de su tiempo y de su propia formación y Rafael Tovar no fue la excepción. Su trabajo podrá juzgarse de muchas maneras, pero no se le puede disputar el hecho de que impuso un sello personal a la construcción del Conaculta que no se explica porque haya sido un individuo próximo al poder, sino básicamente porque fue un hombre de cultura. Solo por eso se puede entender que Rafael Tovar haya trabajado tantos años en el sector cultural, desde varias trincheras, la de las relaciones exteriores, la de educación y por supuesto de la cultura, sin perder su vigencia como orientador de la actividad cultural.

Se ha recodado en estos días su origen familiar como parte de la vieja élite porfiriana, pero también vale la pena tener presente su formación en una educación pública y, sobre todo, su gran aprecio por las artes y en especial por el patrimonio. Tanto su hermano Guillermo como él mismo fueron enormemente conscientes de la importancia del patrimonio cultural para nuestro país. Esta conciencia se tradujo en su práctica como funcionario cultural en el reconocimiento de que el patrimonio cultural era el "buque insignia de nuestra policía cultural" y que a partir de éste se organizaban las otras prácticas culturales. Los desencuentros que en materia de patrimonio pudo haber tenido con otros funcionarios o con trabajadores de ese campo cultural no radicaban en desinterés o falta de aprecio por el patrimonio, sino en diferentes vías para lograr su mejor conservación y difusión.

El año que estuvo al frente de la Secretaría de Cultura se puede valorar por algunos rasgos, como el establecimiento en su reglamento interior de dos subsecretarías con responsabilidades diferentes en cuanto a la política cultural: la de Desarrollo Cultural y la de Diversidad Cultural y Fomento a la Lectura. También se puede destacar la creación de una nueva dirección general, la de Tecnologías de la Información y Comunicaciones, que fue en los últimos años uno de sus principales temas de atención con la propuesta de la agenda digital de cultura que presentó ante los países de Iberoamérica.

En lo personal los pocos encuentros que tuve con Rafael Tovar y de Teresa fueron interesantes en cuanto al intercambio de ideas y sorprendentemente cordiales y sencillos, lo que hizo despertar en mí un sincero aprecio por su persona.

*Doctor especializado en el análisis de políticas culturales