Punto Porcentual

Ya soy como mi padre…

Para Eduardo Javier I:

En 1974, el cantautor de folk norteamericano Harry Chapin publicó la canción “Cat’s in the Cradle”, literalmente traducida como “El gato en la cuna”, haciendo referencia a un juego que en México se conoce como la telaraña que se teje con ambas manos, con la ayuda de una liga o hilo.

La letra de la misma es narrada en primera persona, por un padre que está demasiado ocupado como para pasar el tiempo con su hijo. Las preguntas del pequeño son constantes, y el padre cada vez le responde de forma más vaga, que jugará con él “en el futuro”.

Pasa el tiempo, y el hijo comienza a modelar su carácter basado en su padre, porque de manera insistente dice “yo seré como tú, padre, seré como tú”.

El primer verso dice que, mientras su hijo nacía, él estaba ocupado pagando cuentas y viajando; el segundo narra que le compra una pelota de beisbol y su hijo le pide que jueguen, a lo cual se niega. Él solo responde “está bien”.

Las estrofas siguientes son interpretadas ahora desde el ángulo del hijo: él regresa de la universidad, y ahora el padre le pide tiempo para platicar, a lo cual responde que debe salir mientras le pide prestadas las llaves del auto.

Para el verso final, ya transcurrió mucho tiempo: el padre ya está retirado, y el hijo formó su familia, lejos de su casa. El padre le llama por teléfono y lo invita a visitarlo, pero el hijo contesta que está ocupado en el trabajo y con los niños, quienes además están enfermos de gripa. Añade que lo visitará “cuando tenga tiempo” y concluye al decir “fue bueno hablarte”, antes de despedirse. Y al colgar, el padre recapacita y se dice a sí mismo: “Creció como yo; ahora él es como yo”.

En una canción de 3:44 minutos, y que en 1992 la volvió a grabar la banda Ugly Kid Joe, se resumió la relación padre-hijo, de hace cuatro décadas. Tristemente, poco o nada ha cambiado, y eso que estamos hablando de un padre responsable. Otra historia es de aquel que abandona a sus hijos para rehacer su vida, sin volver a saber de ellos.

Todo esto viene a colación por la reciente visita a la Casa Alzheimer “Florencio Terán Ramón”, en Colinas de San Gerardo, Tampico. Los papás que en su momento iban con sus pequeños a los festivales infantiles –no todos, por compromisos laborales- ahora son de mayor edad, y son sus hijos, nietos y bisnietos quienes los visitan y procuran hacerles pasar un rato agradable.

La música es un factor básico para ayudarlos a evocar bellos momentos, que bien puede ser un tango, una pieza romántica o hasta un Rockabilly de los años 50. Como bien reza el lema de la Casa Alzheimer: “La memoria falla; el corazón no olvida”.

No los olvidemos.