DRAGONES

El zapatito de la Cenicienta

Lo que los laguneros menos podríamos esperar de un Secretario de Desarrollo Económico de Coahuila, nacido en la comarca, es respeto. El respeto que no nos han tenido los no nacidos aquí, los secretarios saltillenses que “cada venida de obispo” arribaban a la región, no a poner la primera o la última piedra de una empresa, sino a predecirnos la hipotética apertura de un “castillo en el aire”. Claro que con la invariable consigna del “no podemos decir el nombre de la empresa porque se ceba la inversión”, algo así como “no vayan a mencionar el nombre de la Cenicienta hasta que el príncipe le ponga su zapatito, no vaya a ser que las hermanastras se la madreen.” Todos sabemos que los laguneros nunca nos enterábamos del nombre de la empresa, porque tales inversiones sólo eran producto de las fantasías políticas con las que los tata mandones nos daban atole con el dedo.Cuando fue nombrado el príncipe lagunero Antonio Gutiérrez Jardón como titular de economía creímos que las cosas cambiarían, ahora sí le tocaba el turno a Cenicienta. Pero, ¡Oh decepción¡ Todo sigue igual, lagunero o no lagunero el Secretario de Desarrollo Económico sigue faltándonos el respeto a los comarcanos anunciando “castillos en el aire” y dándonos atole con el dedo.El 30 de septiembre Gutiérrez Jardón presumió: “a finales del mes de octubre se estará anunciando, por parte del gobierno del estado, la inversión que contempla en La Laguna una empresa (proveedora de la industria automotriz y metal-mecánica)  de origen francés, por el orden de los 80 millones de dólares.A finales de octubre, el día 31 del mes pasado, declaró que “la empresa automotriz de origen francés que se había anunciado para Torreón aún no realiza la toma de decisión, por lo que no se puede garantizar su llegada”. En cuanto al nombre de dicha firma y de otras, disque posibles, precisó: “no se puede adelantar nada porque el más perjudicado sería el gobierno del estado”.Señor secretario, lo que menos nos importa a los laguneros es que el gobierno del estado sea “el más perjudicado”; lo que nos preocupa es la falta de oportunidades de trabajo formal, el desplome de la planta productiva y de los indicadores de consumo y competitividad. Lo que nos ofende es la demagogia triunfalista y la falta de respeto. 



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