DRAGONES

La cucaracha chiquita

Tuve la oportunidad de cenar con un matrimonio de colombianos que emigraron de su país huyendo de las secuelas que ha dejado la terrible enfermedad social llamada narcotráfico:   violencia, corrupción, ingobernabilidad, afectación de principios y valores fundamentales, incremento sustantivo de los delitos comunes en las ciudades donde se ha logrado mermar la acción del crimen organizado. Claro está que cuando ellos aludieron las secuelas referidas encontré un símil con lo que sucede en La Laguna. Después de haber pagado las consecuencias de la guerra entre cárteles ahora sufrimos una oleada de robos y asaltos que sorprenden por su heterogeneidad y su versatilidad. El delito común es como la cucaracha chiquita, mencionó la pareja colombiana, es más difícil de erradicar que la grandota y cuando la atacas en un lado aparece en otro y cuando en ese otro la fumigas regresa al anterior. Según nuestros amigos sudamericanos “la oleada de delitos comunes no se combate igual que al crimen organizado, de poco sirven las armas de alto poder, los pelotones y las tanquetas militares. El delito común se combate, de mejor manera, mermando los ejércitos de desempleados, de marginados, de resentidos sociales, de hacinados en zonas carentes de espacios de desarrollo, de áreas culturales, de recreación, de integración urbana, pues.” Fue en ese momento de la plática cuando los oriundos de Medellín hicieron referencia a Sergio Fajardo, un matemático (sin ideologías políticas pero con modernas ideas políticas) que cuando fue alcalde de dicha ciudad combatió, con pertinencia, la violencia urbana desarrollando en áreas marginadas espacios públicos como sitios de igualdad social, de convivencia, de desarrollo humano.
A Sergio Fajardo lo conocí en Torreón y gracias a Miguel Riquelme tuve la oportunidad de comer, charlar e intercambiar opiniones con él. Desde entonces, aparte de iniciar una solida amistad con Miguel, tengo la convicción de que el delito común, la cucaracha chiquita, será mermado en la misma medida que logremos darle a los jóvenes, en el lugar donde habitan, chamba formal, trato digno, deporte, bibliotecas, cultura, capacitación laboral y los espacios urbanos necesarios para que el ser humano se sienta respetado por la sociedad y comprometido con su ciudad.


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