DRAGONES

Torreón: ¿exitosa y moderna?

Una pregunta que se antoja pertinente, ahora que llega el final del gobierno de Eduardo Olmos, es si Torreón cuenta con la estructura política para lograr incorporarse a la modernidad que exigen las dinámicas contemporáneas, esas que determinan el éxito o fracaso social y económico de una aldea global.
Son varias las varas con las que puede medirse el éxito y modernidad de una ciudad. Seguramente para un ecologista la modernidad tiene que ver con la capacidad de una urbe para, por ejemplo, manejar, tratar y/o reciclar su basura y sus residuos tóxicos sin contaminar el medio ambiente y sus mantos friáticos. Para un profesional del urbanismo quizás importe más el vanguardismo de la infraestructura urbana e industrial. Esos enfoques y otros relacionados con la cultura, el esparcimiento, la educación, el avance tecnológico, tienen gran importancia al medir el grado de modernidad de una ciudad, porque éste es un asunto que es consecuencia del desarrollo integral de una metrópoli.
Pero hablando en términos estrictamente políticos hay un común denominador que encontramos en las aldeas globales modernas y exitosas, social y económicamente hablando: la presencia de instituciones respetables, libres de corrupción, que no dependen de personas pero sí de profesionales de carrera, transparentes, abiertas a la evaluación de la comunidad y donde sociedad y gobierno actúan en gobernanza.
No es posible concebir a Torreón como una urbe exitosa, competitiva, moderna, mientras no contemos con instituciones capaces de construir tal éxito, tal competitividad, tal modernidad.
Porque lo que mejor explica los problemas de seguridad, de fomento económico, de caída de los indicadores de crecimiento es la pésima calidad de las estructuras e instituciones gubernamentales locales. No en vano el IMCO considera ese hecho como uno de los principales factores que limita nuestra competitividad urbana.
Torreón cuenta con un sistema de gobierno medieval, obsoleto, viciado, pesado, incapaz de encabezar un proyecto de transformación. Esa es una “verdad que no peca pero que incomoda”. Pero también es una realidad que puede y debe ser cambiada en los próximos cuatro años de gobierno municipal.



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