DRAGONES

¡Llegó la hora de Torreón!

Confieso que “Llegó la hora de Torreón” es una expresión acuñada por Marcela Moreno en una agradable comida donde, además de la reconocida periodista y un servidor, asistieron mis grandes amigos Federico Ramos y Fernando Royo. La frase de Marcela tuvo como contexto un momento de la charla en la que concluíamos “el ya Torreón no puede esperar más”, o logramos, hoy, hoy, hoy, levantar su competitividad inversora o tendremos que sufrir las consecuencias que convirtieron a Detroit, otrora icono de la era industrial, en una ciudad fantasma, vacía, rota, en la cual reina el desempleo, el crimen callejero, la desesperanza social.
¡Sí Marcela! En Torreón llegó la hora de tirar por la borda el no se puede y emprender esfuerzos productivos generadores de inercias, de dinámicas positivas.
Llegó la hora de dejar de lamernos las heridas, de buscar culpables, de evadir las propias responsabilidades.
De cara al futuro de poco nos sirve seguir buscando culpables. En el cercano enero del 2014 habrá una nueva administración municipal que comandará un señor llamado Miguel Riquelme. Ante su discurso de cambio, de progreso, de apertura, de diálogo, de modernidad, concedámosle el beneficio de la duda. Y no solo eso, propongámosle fórmulas de colaboración gobierno comunidad, porque esa fórmula, la de gobernanza, ha sido puntal sine qua non de aldeas globales líderes del crecimiento económico y ejemplos de equidad social.
Eso no quiere decir que si somos periodistas no informemos y critiquemos la corrupción y la ineficiencia. Eso no quiere decir que si somos luchadores sociales, líderes de movimientos comunitarios, políticos o empresariales, dejemos de organizarnos, de manifestarnos, de exigir mejores maneras de administrar los recursos de la sociedad.
Lo que quiere decir es que hagamos bien lo propio, lo que nos corresponde hacer, lo que dicta nuestra conciencia; pero también, que no sigamos regodeándonos del fracaso, que no lucremos socialmente, políticamente, mediáticamente de lo malo, de lo negativo, de la jodidez, pues.
Las visiones maniqueas y derrotistas deben ser sustituidas por visiones holísticas y triunfadoras.
En fin, creo que Marcela lo dijo mejor que yo: ¡llegó la hora de Torreón!


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