DRAGONES

Lo que Holguín quiso decir

Guillermo Zerecero escribió: He leído con interés su columna Dragones, en donde presenta una crítica positiva de lo que se vive en Mazatlán. Sin embargo, su texto inicia y da origen a la cabeza del mismo, con la descripción que señala que Mazatlán es una ciudad sitiada, tomada, arraigada, secuestrada; pero, por sus propios habitantes. Pero el texto, a mi juicio, no sustenta este encabezado que pudiera parecer alarmista. Me parece pues, que sería discordante el encabezado y el inicio del texto con el contenido de la nota. Ojalá en una colaboración futura pueda explicarnos a sus lectores a que se refiere con la expresión de que Mazatlán sea una “ciudad sitiada, arraigada y secuestrada por sus propios habitantes”.
Estimado don Guillermo: El fin de semana visité Mazatlán en compañía de Federico Ramos y Fernando Royo. Al caminar por la Plaza Machado y observar al gran número de mazatlecos que caminaban, escuchaban música, cenaban o tomaban una copa en compañía de su familia, novio, novia y/o amigos, Federico comentó: “no cabe duda que los ciudadanos han tomado su ciudad; queriendo decir con ello que los habitantes de ese transformado destino turístico se han apoderado de sus calles, de su centro histórico, de su malecón, para disfrutar la alta calidad de vida que han logrado gracias a un esfuerzo de gobernanza, de colaboración de ciudadanos y gobierno. Un esfuerzo que implicó el diseño y puesta en marcha de un plan de acción, plan que dio seguimiento al modelo estadounidense de revitalización económica llamado “Main Street Proyect”.
La intención modular de la columna en referencia fue señalar que los laguneros podemos y debemos hacer lo mismo para cambiar el estatus de depresión económica en el que se ha sumido nuestra región. Basado en lo que he visto en el mundo y en ciudades exitosas mexicanas, como Mazatlán,  puedo afirmar que la fórmula de tal éxito tiene un común denominador: la concertación y el acuerdo político para materializar una visión de futuro plasmada en un plan de acción. De un plan que fija las rutas críticas para lograr un modelo de desarrollo previamente concertado entre sociedad y autoridades.
En La Laguna navegamos a la deriva sin un mapa de acción –el plan– y sin un destino –el modelo–.
¿Qué esperamos, entonces?


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