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El TLCAN y sus claroscuros

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte no ha sido la panacea de modernidad y progreso que prometieron los promotores de éste acuerdo, icono del sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Pero también está muy lejos de ser el diabólico instrumento del neoliberalismo que dió al traste con el nacionalismo mexicano, como lo narra la retórica de las tribus de izquierda.

Lo cierto es que a 20 años de su vigencia el TLCAN muestra claroscuros que lo definen como un instrumento que si bien dio un impulso sin precedentes al sector exportador y manufacturero no generó beneficios concretos a amplios sectores del país. Que si bien permitió que la oferta de bienes de consumo aumentara y se diversificara no amortiguó el costo social y empresarial que implicó la destrucción de las actividades que resultaron perdedoras ante la apertura comercial e inversora.

Las exportaciones no petroleras crecieron 700%; pero, también fueron fulminadas miles de empresas locales que no pudieron competir y el campo mexicano sigue igual de jodido que hace dos décadas.

Los claroscuros del TLCAN son evidentes; sin embargo, tales claroscuros son producto de otros claroscuros en el conjunto de políticas públicas del Estado Mexicano. Ningún instrumento de política económica, como el TLCAN o la tan de moda Reforma Energética, es capaz, por si solo, de mejorar la compleja realidad de México si no se facilita la competencia en los sectores de mayor peso relativo, si no logramos el respeto irrestricto al Estado de Derecho, si no invertimos lo suficiente en innovación y desarrollo tecnológico, si el sistema educativo no levanta la productividad de los trabajadores y los profesionistas aztecas, si los gobiernos no abandonan el paternalismo político que ejercen sobre el campo y esa demagogia verde correlacionada a un costoso desperdicio de recursos públicos en acciones asistencialistas.

No. No se trata de “relanzar”, de “profundizar” o de inclusive “renegociar” el TLCAN. Más bien se trata de evitar que subsistan aquellos hoyos negros, claroscuros, que en conjunto destruyen la competitividad de la economía mexicana. La competitividad no es cuestión de izquierda o de derecha; es una cuestión de eficiencia, eficacia y pertinencia de todo el sistema político-económico de un país.

columnabizhunter@yahoo.com