Intelecto Opuesto

¿Hacia dónde vamos en México?

La misma pregunta que se hicieran hace poco más de 100 los principales diarios de nuestro país es la misma que seguimos intentando resolver y no por qué no sepamos trabajar en México, ni porque no sepamos contar o administrar o fabricar, sino porque seguimos velando por intereses propios mientras podemos sacar la mejor parte de las cosas con las que contamos a nuestro alcance.

Escuela, trabajo, familia, religión, expresión política, participación ciudadana y todo aquello a lo que nos acercamos en nuestra existencia resuena bajo la misma armonía de ser lo más provechoso, siempre y cuando contemple los réditos suficientes para poder seguir adelante con todo. Sino, lo dejamos a la mitad. Y así es la historia de México.

Cuándo desde un levantamiento armado comenzó a fraguarse una nueva patria en la que todos viviríamos en democracia, se fundaron los partidos políticos, se oficializaron las agrupaciones que regulan la vida en política para un mexicano y que con el paso de las décadas vemos que de poco o nada han servido, sino para formar grupúsculos de poder económico y social que son los que actualmente determinan desde quien nos gobierna hasta qué debemos seguir bajo la justificación de estar en un Estado de Derecho que ellos mismos crearon.

Así hemos crecido como nación, pasando por momentos álgidos y buenos, otros decadentes y algunos trágicos pero que nos han enseñado el carácter del pueblo; sin embargo, también descubrimos con el paso del tiempo que es nuestro país lleno de vicisitudes el mismo que pareciera emerger de un mundo ajeno que ni siquiera nos solidariza como mexicanos ante la tragedia eterna de la mala calidad de vida, de los pésimos servicios y cobro de piso, peaje y derecho por circular en tu propio país, de sufrir vejaciones y falta de justicia, que incluso afecta a la propia clase en el poder pero que tampoco eso los sensibiliza, ni aún perdiendo familia, amigos, colegas, todo un cúmulo de situaciones con las que nos han transformado en animales que al final solo subsisten por la sobrevivencia natural de la propia especie.

Cuándo más pareciera que se tuviera que estar trabajando por el bien del país, aprovechando el “Mexican moment”, el tiempo transformador de las reformas estructurales y todo ese tipo de promesas y locuras que se firmaron en una campaña rumbo a la Presidencia (al final, la política y sus partidos nos vuelven a dañar) no ha pasado de ser eso, sólo promesas; sí, cambiaron la Constitución Política, reformaron de todo, pero no hay nada concreto. O no dejan trabajar al país las protestas, o no sirven de nada las reformas y cambios que se hicieron para las mejoras del país o qué pasa. ¿Hacia dónde vamos?; ni ganamos más, ni tenemos nada, ni aprovechamos todo, ni somos nadie.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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