Intelecto Opuesto

Los últimos días del Tuzoofari

Era abril de 2009 cuando visité por primera ocasión, en el municipio de Epazoyucan, un predio gigantesco en donde ya existía un refugio para especies animales aún sin inaugurarse de manera oficial pero que ya tenía sus puertas abiertas al público.

Ahí, a la entrada, el empresario hidalguense Santos Islas y parte de su familia me concedieron una visita guiada para lo que sería un reportaje previo a la apertura del espacio, en donde también recuerdo se dieron cita políticos de todos los niveles, representantes federales e incluso personajes del mundo del futbol y los espectáculos.

“Si me pongo a pensar en cuanto me sale poner esto no me animo”, fueron las palabras de don Santos cuando le intenté sacar la cifra exacta del gasto por entrarle a un negocio raro, poco redituable en la historia de los gustos mexicanos por las especies, y en donde en la mayoría de casos son los gobiernos los que invierten y mantienen los parques con animales.

Aún no se instalaba el lago artificial ni el espacio para los hipopótamos, pero ya había llamas y cerdos vietnamitas y unos leones y tigres al fondo, así como serpientes y un pequeño museo con piezas de colección, fósiles y algunos restos disecados con fines educativos.

Le auguré un enorme éxito pues el contar con un inmueble único en su tipo, en la zona centro del país y más cercano al DF y Estado de México que otros como Africam Safari en Puebla o el Bioparque Estrella en Jilotepec, Estado de México, sin embargo al paso del tiempo parece que la situación no ha sido del todo buena y en recientes días se anunció que podría cerrar sus puertas debido a la falta de visitantes y a los gastos operativos que representa mantener un sitio de tales magnitudes en buen estado.

Según el reporte de mi compañera Edith Castillo, el mismo empresario Santos Islas explicó que tan sólo la baja en visitantes durante el año pasado provocó pérdidas millonarias en la empresa, pues hubo meses que por mantener abierto el lugar llegaron a perder hasta 200 mil pesos por los gastos que se requieren entre el pago de los trabajadores y la manutención de los animales. 

Entiendo lo que representa para un inversionista el costo y riesgo de comenzar un negocio, más aún si se trata de algo tan delicado como vida silvestre y especies en cautiverio; sin embargo, no es la primera vez que algo así ocurre e incluso una ocasión señalé que es curioso como en un radio de 90 kilómetros se podía tener zoológicos con animales en cautiverio: el de Pachuca, el Tuzoofari y el de Tulancingo.

Guardo las proporciones con el comparativo y no es mi intención denostar a uno y otro, pero pienso que conjuntando IP con gobierno, los 3 espacios animales y una correcta planeación, se podría tener un gran santuario animal en Hidalgo, listo para ser visitado por todos y con una proyección enorme, mucho más de la que se llegó a tener con el Tuzoofari que espero, que así sea, y no cierre sus puertas.

http://twitter.com/laloflu