Intelecto Opuesto

Una sociedad paternalista

Los mexicanos somos gente especial. Como tales nos concebimos y demostramos siempre las particularidades de nuestra estirpe; son las conductas generales las que nos dan identidad y las tradiciones las que nos preservan, aquí y en todo el mundo.

Nos pasamos la vida señalando los conceptos que se deben aplicar y apuntalando los errores, siempre y por antonomasia, como parte de nuestra propia educación. Nuestras raíces están tan echas a los preceptos masculinos que no nos vemos sin ellos.

Pasamos de una generación a otra y seguimos persiguiendo los objetivos de ser hombres ejemplares, como los que nos enseñan que fueron con anterioridad, quienes nos dieron patria y libertad. No existe libro alguno en la historia de nuestro país que nos convoque a evitar a los héroes, en su mayoría hombres, que formaron a nuestro país.

Aprendemos desde pequeños a seguir los consejos de los hombres “sabios”, de los más experimentados, sean buenos o sean malos; y en la calle, cuando decidimos emprender el vuelo, nos acercamos a quienes pueden mostrarnos o enseñarnos “algo”, o por lo menos a quienes nos digan “cómo” conseguir ese “algo”.

Este país está definido por las decisiones de los hombres; o la menos así nos lo han hecho creer. Que son los padres y los padre de nuestros padres los que definieron el rumbo de nuestras propias familias, los sitios de donde provenimos y el futuro al que nos debemos acostumbrar.

Nos gobiernan en su mayoría hombres; jefes de estado, líderes de comunidades, e incluso en la propia religión y vida espiritual, son los del género masculino los que definen. Finalmente, somos una sociedad paternalista, que se siente bien al estar cobijada, no desamparada, apapachada.

En Hidalgo, de acuerdo con tabulados del Consejo Estatal de Población se registraron que 89.7% de los hogares fueron del tipo familiar mientras que el 10.2% del tipo no familiar. Para los hogares hidalguenses del tipo familiar con jefatura masculina, se clasificaron el 92.9% y los hogares no familiares del 7%. Es decir, existe una inmensa mayoría de hogares en el estado, 9 de cada 10, en donde el hombre es el jefe de familia.

No es que se algo malo que todos los hogares sean encabezados por un jefe de familia, o que sean las mujeres también las jefas de los hogares, sino que nos pasamos quejándonos de todo lo que nos pasa y la realidad es que seguimos el mismo modelo de siempre. No pretendemos tampoco cambiarlo pues así es como nos han enseñado.

Lo dicen las canciones y corridos, lo señalan nuestras madres y abuelas, lo marcan las tradiciones que nos hacen felices y nos dan tanta satisfacción por poder compartirlas con nuestros seres queridos. Somos un país de padres, de mujeres padres y de hombres padres, en donde no importa ni como ni cuando, sino siempre tener un respaldo.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com