Intelecto Opuesto

Ya que quiten a los sindicatos

En la actualidad, la lucha sindical en México dista mucho de aquellas que se nos cuentan en los libros de texto con historias dignas de guión de película de héroes revolucionarios. Gente desinteresada por obtener nada más que el respeto de los suyos y la consagración de los derechos humanos.

En la biblioteca pública, hace algunos años, leí un texto de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana en donde contaban como se instauraron las petroleras norteamericanas durante y a finales de la década de 1920. Después, como ejemplo citan a la Huasteca Petroleum Company entre Veracruz y San Luis Potosí –no dudo que hayan existido hidalguense de la zona de Huejutla de Reyes inmiscuidos- en donde comenzaron los problemas obrero-patronales a causa de decisiones impositivas de la parte pagadora e incluso por acciones de represión empleadas al interior de centros laborales.

Para 1936 se detalla que estas compañías no pudieron sostener la constante de paros, desprestigio y pérdidas que estaba generando a la industria el comportamiento de los empleados, para ese entonces ya agremiados en su sindicato de trabajadores petroleros, sí, el mismo que continúa a la fecha, pero con el senador Carlos Romero Deschamps.

Dos años después se dio la ya conocida expropiación donde el general Lázaro Cárdenas, en uso de su investidura presidencial declaró al petróleo como patrimonio único y exclusivo del país. Tiempo después nació Pemex y la historia ya nos la sabemos.

Sin embargo, el escenario parece replicarse en formas desconocidas para los propios actores que detonaron la misma: los integrantes del STPRM.

Tengo, por conocimiento familiar, la imagen del petrolero bonachón, despreocupado, seguro de su empleo y sus capacidades puesto que le sirven, como un soldado a su patria, al pueblo de México extrayendo y refinando petróleo, creando combustibles, soldando, cerrando y abriendo llaves en refinerías. Vaya, un trabajador del estado y al servicio de y para los mexicanos.

Ni por aquí que algún día llegarían unos cuantos señores trajeados a querer cambiar las reglas, sus reglas, porque al final ellos fueron los que las impusieron. Si viviera Cárdenas eso les diría, “ustedes querían el petróleo, ahora ya no lo quieren ¿Qué pasa? ¿pueden o no pueden?”

Siento que nadie ha dado voz ni voto en esta discusión a los que al final tendrán que padecer o beneficiarse de los cambios. Los petroleros que han sufrido cierres de refinerías, jubilaciones a la fuerza, accidentes mortales, una vida en los pozos. Tendría que ser su sindicato, el que originó la expropiación en 1938, el que tendría que estar alzando la voz, encabezando cercos, rodeando al Senado y no teniendo a un representante cameral que de poco o nada les ha servido no hoy ni ayer, sino desde hace muchos años.

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