Intelecto Opuesto

No queremos más Abarcas

El modelo de político-gobernante que da como ejemplo al mundo José Luis Abarca, ex presidente municipal de Iguala y prófugo de la justicia, es el mismo que México requiere evitar.

Lamentablemente y en pleno siglo 21, nos enfrentamos a personajes que viven aún en las cavernas de la democracia o de plano ni la conocen. Son parte de la herencia que nos dejó (se va a leer como anuncio de película) la dictadura perfecta de hace algunos años.

Lo hecho por Abarca, quien llegó al trono cobijado por los personajes del perredismo y priismo más prominentes de Guerrero, representa por desgracia la forma más común de operar del político mexicano. Llega a donde está por favores o en el menos grave de los casos, por permiso de quien lo deja en el poder.

La figura del presidente municipal en México resulta la más vulnerable en todos los sentidos, pero más para el asunto de la ingobernabilidad a causa de factores externos a los de un ayuntamiento. Pleitos políticos, familiares, rencillas del pasado, crimen organizado, enemistades de todo tipo a las que se debe de enfrentar un edil en nuestro país.

Nadie les dijo tampoco que sería fácil ocupar dicho encargo, sin embargo están ahí porque confiaron en ellos tanto sus partidos políticos como la ciudadanía que aún acude a las urnas con las esperanza de un México mejor.

La actuación de Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa demuestran que por encima de toda intención de socializar al político y su forma de gobernar y administrar a un sector de la población, están la prepotencia del poder y el abuso con uso de fuerza pública.

La violación de las garantías y derechos humanos no son un impedimento para quien tiene la sartén por el mango; mucho menos los argumentos. Cuando se está en riesgo de perder un espacio, por mínimo que sea, de poder y ambición, puede más el imponerse por sobre todo y pasando encima de todos, para lograr un objetivo.

El presidente municipal en México debe ser reconfigurado en cuanto a su perfil. Se requiere de hombres y mujeres preparados ideológicamente, académicamente y con valores sociales, cívicos, que sean verdaderos patriotas que no traicionen a su gente ni mucho menos quieran hacerles daño.

Son los encargados de los ayuntamientos en el país los que tendrían que dar la mejor cara del gobierno, la del servicio a la ciudadanía. Son ellos el primer contacto que tiene el pueblo con un gobernante.

Se lee trillado pero el abuso lleva a la perdición, más cuando no hay quien le diga a uno sus excesos y tropelías. En política, eso es muy común en momentos en los que se piensa que se están haciendo bien las cosas cuando es todo lo contrario.

México no necesita de Abarcas, necesita de personas valientes con sentido humano quienes sean los que encabecen y lleven las riendas de las decisiones medulares de pueblos y comunidades, de estados y gobiernos municipales y por qué no, hasta del propio país.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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