Intelecto Opuesto

¿Por qué nos odiamos tanto?

La polarización social que está generando el tema Ayotzinapa, la nueva masacre de estudiantes, la respuesta del gobierno sobre el caso, el viaje presidencial al extranjero en épocas calificadas como de crisis, y las noticias que han ido saliendo a la luz conforme han pasado estos últimos hechos, nos tienen como desde hace algunos ayeres nos hemos acostumbrado a vivir: divididos.

El desagrado social de una buena parte de la población activa en política y actividades ciudadanas (quienes son los que participan en marchas y protestas) es más que evidente; ellos, los que sí salen a las calles a exigir que se haga justicia, de múltiples formas pues hasta para mostrar la rabia y coraje se puede no ser violento –aunque el hecho lo amerite- son los que han demandado hasta el momento las cosas.

Presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, juicio nacional a José Luis Abarca y su esposa por su desgobierno en Iguala ¿de la Independencia?, juicio político en contra del ex gobernador Ángel Aguirre en Guerrero por omisión o culpabilidad e incluso la aplicación del artículo 39 de la Constitución en donde se obliga al gobierno a respetar la voluntad del pueblo.

Por otro lado, los que también protestan pero en contra de la violencia, en contra de la exigencia de justicia con actos que sobre pasan la legalidad, los que apoyan por sobre todo a la administración de Enrique Peña Nieto, los que creen que el estado no tuvo la culpa de nada de lo que está ocurriendo actualmente.

Haya sido un acto local, de Iguala y Tixtla, de Cocula y Chilpancingo, donde cotidianamente se daban enfrentamientos políticos entre normalistas y la autoridad, la realidad es que el hecho se convirtió en noticia nacional al tratarse de una desaparición forzada, de una presunta ejecución masiva, extra judicial, que sigue en proceso de investigación a más de un mes de los hechos y que tiene a México ya en medio de una polémica mundial.

El resultado, la división ideológica del país y de sus ciudadanos, quienes se debaten entre los buenos y los malos, o los que creen serlo. Los que afirman tener la razón de un lado y del otro. Los que se sienten la voz del pueblo y los intérpretes de la ley y la justicia en México y los que simplemente afirman serlo.

Este país se está cayendo ideológicamente, ya nadie cree en nadie; no hay autoridad en quien poder confiar de forma plena, mucho menos policía o agente de seguridad, menos militar, que brinde la certeza de estar actuando de forma honesta y legal, aunque lo hagan y aunque lo sean.

Así como hemos manchado, unos más que otros pero todos culpables al final de cuentas, nuestra imagen ante el mundo, la propia ante los que habitamos el país se desmejora a cada día que pasa  y los problemas parecen seguir. Deudas, bajos salarios, poca expectativa de crecimiento, muertos, fosas, viajes presidenciales, mansiones y así…

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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