Intelecto Opuesto

Obra pública en Hidalgo

Hidalgo ha sido por tradición en la última década un estado constructor. El sector es uno de los más prósperos desde que comenzara la "transformación" de la imagen urbana y el crecimiento de ciudades como Pachuca, Mineral de la Reforma, Tulancingo, Tula e incluso la Huasteca.

Los empresarios dedicados a la construcción han visto el cambio de lo que antes era una pequeña ciudad de provincia a lo que ahora es la Bella Airosa: un espacio para fraccionamientos de alta plusvalía, edificaciones verticales, centros comerciales, puentes vehiculares, sistemas de transporte alternativo, parques industriales y más.

Sin embargo, de acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Económico de Hidalgo –cifras públicas- la obra pagada por gobierno muestra ya un comportamiento atípico en la actualidad respecto a los últimos años.

No es raro escuchar a constructores de la CMIC o de alguna empresa proveedora hablando de los proyectos que no se concretaron o del adeudo que se mantiene luego de haber participado en pavimentaciones, drenajes y otras acciones.

De acuerdo a la tendencia registrada en la Sedeco, a partir de la mitad de 2014 y durante todo 2015 y 2016, la inversión pública en obra en el estado de Hidalgo registró un incremento sin precedente. Esto es, la inversión en obra pública en el periodo 2014-2016 fue de más de 9 mil millones de pesos, más del doble de la inversión en el periodo 2006-2013 cuando apenas fue de 4 mil millones 325 mil pesos.

Actualmente, en 2017 y durante el primer trimestre, se pagó solamente mil millones de pesos para obra pública.

Esto refleja un claro estancamiento en el sector producto de la falta de liquidez de los gobiernos municipales y del estado, así como del freno que se tuvo que poner a los proyectos de construcción patrocinados por el gobierno.

En Hidalgo, a partir de la segunda mitad de 2014, la obra pública desplazó en importancia a la obra privada; de 2006 a 2013 en promedio al inversión pública fue prácticamente del mismo nivel que la privada, pero entre 2014 y 2016 fue 110% mayor.

Hoy en día, la construcción privada representa solo el 33.3% de lo que se edifica en Hidalgo, y la pública –estancada- el 66.7%.

Aquí surgen muchas incógnitas que encuentran respuesta de forma rápida como la caída en niveles de empleo en el sector de la construcción, la falta de pago a proveedores, la tardanza en proyectos iniciados desde la pasada gestión y más. Algo en teoría normal para toda administración que sufrió una reconfiguración política y administrativa.

El sexenio pasado claramente fue de derroche en construcciones, lo que ahora no parece ser el camino a tomar y no por que no se quiera, sino porque no se puede. La inversión privada debe retomar las riendas de los empleos y la generación de oportunidades en la construcción; es momento que los constructores inviertan y dejen de esperar solamente el pago de gobierno.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com